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Martes , 18.09.2018 / 21:35 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

La dignidad del trabajo… ¿frustrada?

María Doris Hernández Ochoa

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La necesidad de obtener recursos suficientes para vivir lleva a las personas a trabajar, pero también la posibilidad de dedicarse a una actividad que resulte estimulante, retadora y con dosis de creatividad para encontrar la superación, es decir, alcanzar el nivel máximo de la pirámide de Maslow.

Trabajar también conlleva una actividad que debería ser gratificante emocional y espiritualmente, con una buena dosis de realización, anteponiéndose a la tesis marxista de la alienación del trabajo que vuelve a las personas autómatas, sin participación en los frutos derivados.

Lo que vemos en general en nuestro país, son trabajos extenuantes y sin estímulos, con niveles salariales precarios ajenos a la demanda constitucional porque a “nadie le alcanza”. Alejado de la canasta básica y observando por las nubes la recreación, los paseos, viajes y pequeños “lujos”.

El gobierno federal se ufana del incremento del empleo teniendo como referencia la afiliación al Seguro Social, pero no se menciona la calidad de ese empleo ni el promedio del sueldo… mucho menos a casos objetivo del carácter mecánico, monótono, enajenante.

Uno de los ideales de los movimientos sociales de México fue el de que los trabajadores pudieran tener un trato justo y digno, desarrollo humano y reconocimiento.

De acuerdo con los datos del Coneval, en 2014, 60% de la población nacional se encontraba en vulnerabilidad por carencia de seguridad social; cuando precisamente una de las aspiraciones mayores en el siglo XX fue la de contar con sistemas robustos de protección que garantizaran el principio de la solidaridad social.

En esa lógica, la categoría propuesta por la OIT, relativa al trabajo digno, como aquel que es remunerador y garantiza acceso a prestaciones económicas y sociales, debería ser asumido en todas sus consecuencias y llevarlo al nivel de la subjetividad; es decir, el trabajo digno sería efectivamente eso, pero, al mismo tiempo, un trabajo que le permite a las personas sentirse plenas y realizadas..

No podemos seguir siendo un país en el que prácticamente 60% de la población percibe menos de dos salarios mínimos al día, es decir, viven en pobreza; y en el que, simultáneamente, cuatro personas concentran el equivalente al 9% del PIB nacional. Requerimos una economía sustentada en la ética y con ello, volver a crear empleos, no solo de calidad por ingresos y prestaciones, sino realmente liberadores y humanizadores.

La tensión en que vivimos muchos mexicanos, especialmente en las zonas “calientes” del país, ¿será la consecuencia de lo que ahora se comenta?

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