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Jueves , 13.12.2018 / 19:58 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

La corrupción en México no está en su entidad cultural

María Doris Hernández Ochoa

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Mientras más educado es un pueblo, menos habrá corrupción. Su existencia en México no pertenece de ninguna manera a su entidad cultural, como se ha declarado en informes y entrevistas.

Desde tiempos inmemoriales, se ha sobrellevado pero también se ha propiciado, y no desaparecerá por causa de una declaración, decreto o amenaza; es un asunto de educación, que empieza en el hogar, continua en la escuela y en la vida social.

Existen medidas concretas para erradicarla: transparencia, acceso a la información, implantación de un sistema de control, aplicación de medidas drásticas, protección de las denuncias y testigos, despliegue amplio de propaganda para convencer, cero tolerancia, etc.

El dicho mexicano de que “las leyes se hicieron para violarlas”, contiene un hondo resentimiento social ¿Por qué el legislador diseñó leyes proclives a su violación promoviendo la impunidad? ¿Cuántos declarados delincuentes escapan de la acción carcelaria porque hubo una falla en el procedimiento, recordando el caso de la francesa Caszes? Los vericuetos de la ley son alegres atajos recorridos por los abogados que propician la impunidad del reo, motivados más bien por los honorarios que por la aplicación de la justicia. El dinero esclarece la mente de brillantes defensores que cobran por hora.

El Ejecutivo no nos puede conminar a construir una nueva cultura ética, porque sus valores están allí, inmutables; se deben practicar por convicción y no por amenaza o porque sea línea de un nuevo gobierno. Existen países en los que no se apela a la ética ni a la rogativa, sino a una ley: quien la infringe va al paredón y de esa aplicación se han visto videos espeluznantes en los que al reo se le da un tiro en la nuca, ante la vista de testigos.

Esta es una medida extrema y, desde luego, afecta a los derechos humanos; pero en esos países no toleran el proceso de convencimiento a partir de la educación por el largo tiempo que conlleva: aplican radicalmente la ley, para salvaguardar a la sociedad en el allí y en el ahora. En países como el nuestro, preferible establecer un plan a largo plazo vigilado por autoridades… que den ejemplo de lo que supervisan.

Si la educación es un punto de partida para reducir la corrupción, resulta que allí, en el seno de las entidades encargadas de educar se practica en grado superlativo, lo cual es una gran paradoja. La organización Mexicanos Primero, denunció que del gasto educativo nacional se roban… 35 mil millones de pesos anuales, 298 mil de ellos en pagos irregulares a personas no localizadas. Hay más de 39 mil profesores que no están en la docencia sino en incomprensibles “comisiones” y otros tantos que ya fallecieron, pero siguen “vivos” en las nóminas, más los que aparecen como activos estando ya en retiro. Dice un refrán que la palabra conmueve, pero el ejemplo arrasa; y aquí en nuestro país, se requieren muchos buenos ejemplos de rectitud, de práctica ética y de amor a la Patria. La ausencia de esos valores en muchas dependencias gubernamentales provoca apatía, desdén y escepticismo… duda sobre en qué clase de país vivimos. Urge multiplicar muchos buenos ejemplos de autoridades y enaltecer públicamente a quienes cumplen con esos principios, como el policía que regresa lo incautado al ladrón, el juez insobornable, el burócrata que no admite le “aceiten” la mano para servir con diligencia. Los decálogos y las buenas intenciones no tienen sentido, si no hay en el fondo de cada persona una profunda alta dosis de decencia, de preocupación por el compromiso de servir a los demás, la rectitud y orgullo por su trabajo, como frutos de la educación. Los ciudadanos que pueden caminar por la calle con la frente en alto aunque la cartera lleve poco o ningún billete, valen más que aquéllos que vive con lujos en otros países, compran palacios, alternan con los mineros del oro o inventan estudios de posgrado, cuando han sido ya reprobados por los mexicanos en la materia básica.

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