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Martes , 20.11.2018 / 14:05 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

¿Empresarios vs. politicos?

María Doris Hernández Ochoa

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Los políticos que no han sido empresarios ni emprendedores… desconocen lo que es un empresario mexicano.

El político se ha dedicado a hacer política, profesión legítima y necesaria; pero para serlo de manera cabal necesita conocer de diversas materias, entre otras, lo que es una empresa, qué representan quienes la dirigen y las condiciones laborales.

La desconexión con ese ente económico-social lleva a algunos de ellos a satanizarlos, como si fueran enemigos del país, cuyo único objetivo es hacer dinero a costa de lo que la ley le permita y a veces transgrediéndola. Hay quien inclusive la coloca paralelo al sector empresarial como una mafia, lo cual es muy injusto y no corresponde.

Alejandro Ramírez, representante empresarial, así recibió al candidato López Obrador hace unos días, en la CdMx:“Se ha llegado al exceso de decir que ni siquiera somos auténticos empresarios, sino ‘traficantes de influencias’ y ‘beneficiarios de la corrupción’. Estas descalificaciones nos hieren y nos ofenden profundamente, porque, al igual que usted, amamos a nuestro país.

(...) Al igual que a usted, nos ofende la corrupción y la riqueza mal habida. Pero nos parece injusto que se señale sin fundamento alguno a empresas que llevan décadas invirtiendo y trabajando por este país, respetando las leyes y contribuyendo al bienestar de los mexicanos...”

Ante esta especie de “bienvenida”, el candidato tuvo que reconocer de alguna manera que ha exagerado en sus temerarias calificaciones.

Todos los países de libre mercado viven y hacen sobrevivir a millones de personas que dependen de un empleo o proporcionan servicios e insumos; el empresario es vital para dinamizar la economía de cada sociedad. Pero no nada más producen riqueza, sino que también ofrecen servicios y apoyos a la sociedad en donde se establecen. Hay empresas en nuestra zona conurbada que proporcionan esas prestaciones más allá de las que ofrecen gobiernos de los tres niveles, como parte de su responsabilidad social.

La economía de nuestra conurbación es producto de las cientos de empresas que se esparcen por su territorio; contribuyen no sólo para satisfacer necesidades, sino que también son empleadoras, compran, consumen y desde luego, hacen su contribución al fisco.

El empresario solamente pide al Estado libertad para emprender, una ley laboral y fiscal justas, protección ante las amenazas de quienes atenten contra él y su función generadora de riqueza; cuando no se dan estas condiciones, la actividad emprendedora empieza a declinar e inclusive puede llevar al cierre, como ha ocurrido con cientos de negocios “que han bajado la cortina”.

Los otrora países socialistas han tenido que aceptar que la libre empresa es el mejor de todos los sistemas de producción… y requieren que sus gobiernos sean facilitadores de su actividad.

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