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Miércoles , 17.10.2018 / 14:22 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

El mundo contra un presidente inhumano

María Doris Hernández Ochoa

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Ahora sí que el mundo se le vino encima al presidente Trump, por la insensatez de autorizar que niños de inmigrantes ilegales quedaran separados; pero no sólo eso, sino enclaustrados en lugares inadecuados, impropios para un ser humano.

La oportuna fotografía de la condición en que los niños estaban dio la vuelta al mundo, apareciendo en sólo dos diarios de nuestro país en primera plana -uno de ellos MILENIO- provocando el sobresalto, justo enojo y compasión de quienes la vieron y leyeron la causa. Una comentarista de la TV de los Estados Unidos no pudo contener el llanto y pidió cortaran su trasmisión para que sus lágrimas no se vieran ante las pantallas. De ese tamaño fue la reacción del mundo que estuvo al tanto del acontecimiento, provocando pronta reacción de condena de nuestra autoridad federal, no contra una política migratoria a la cual tiene facultad cada país, sino contra el tratamiento de criminales contra inmigrantes irregulares. Las autoridades del país del norte han sido denunciadas por el tratamiento atentatorio a los derechos humanos contra prisioneros, como el caso de Guantánamo y en otras cárceles de Oriente por parte del Ejército. La política de “tolerancia cero” separó desde mayo pasado a más de 2 mil niños de sus padres en el momento de su detención, tan sólo por el “delito” de buscar un trabajo para sobrevivir. El traumatismo psicológico sufrido por los niños es casi irreparable… son marcas que llevarán el resto de sus vidas no obstante la compensación que llegó y el apoyo de psicólogos. Y todo lo ocurrido, ¿por qué? Porque no se planeó la consecuencia de la separación, en un país tan organizado y previsor. En esta ocasión, los representantes de los partidos políticos de manera unánime condenaron el acontecimiento (primera vez que coinciden y se solidarizan), pero eso fueron sólo palabras que deberían estar incluidas en sus ofertas de campaña. En la realidad pocas son las instituciones o líderes que atiendan las necesidades de los migrantes mexicanos, y menos las personas de otros países en la misma situación. Finalmente el presidente Trump no pudo resistir la presión, no sólo del exterior, sino de sus nacionales incluso de su propio partido. Los niños llorando tuvieron más fuerza para originar una rara rectificación en un presidente arrogante, que los congresistas o consejeros juntos. La enmienda al decreto discriminatorio se exhibió con palabras poco sinceras, cerrando la interminable censura con la portada de la revista TIME en la que aparece el presidente norteamericano dándole la “bienvenida” a una niña latina que, empequeñecida, llora con desconsuelo. Como decía el pensador Thoreau en el siglo XIX, “yo creí que la justicia superaría la ley”. En este caso, se puede tener la ley a su lado; pero si no se corrige y adapta, se vuelve una referencia que atenta contra los derechos fundamentales de la persona.

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