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Domingo , 19.08.2018 / 19:23 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

Benito Juárez y los extraños herederos en el poder público

María Doris Hernández Ochoa

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En este mes de marzo se recuerda en todo México la figura de don Benito Juárez, presidente del país en los días aciagos de la guerra de Reforma, las invasiones, la instalación del II Imperio y la guerrilla permanente luchando contra él; los oradores oficiales destacan invariablemente su templanza, férrea voluntad y austeridad, como modelo del hombre público.

Sin embargo, la mayoría de los políticos en el poder practican exactamente lo contrario a las enseñanzas que dejó Juárez como herencia ética y estoica.

La templanza de Juárez, el desarrollo de su personalidad y su pujanza, fue consecuencia de la huella que dejó en él su vida humilde de pastor de ovejas, alejado de la sociedad urbana y las posibilidades de educación. Pero como dijo José Martí al conocer su historia: “Todo indígena que aprenda a leer puede ser un Benito Juárez”.

Y gracias a la educación, el personaje fue escalando posiciones hasta llegar a una ingrata presidencia del país que puso a prueba el carácter y la voluntad, al encontrar un verdadero caos, sin instituciones fuertes, sin recursos y con una sociedad dividida, siempre a salto de mata para evitar ser rebasado por los enemigos de la República.

En estas crueles condiciones y viajando en un carruaje que era la presidencia republicana ambulante, sufrió la sucesivamente muerte de varios de sus hijos, casi abandonados a su suerte y en condiciones de miseria. El mismo era un presidente pobre, pero digno.

¿Y de qué manera honran los gobernantes su memoria? Viviendo en suntuosas mansiones, rodeados de lujos y personal de servicio; engrosando sus cuentas personales tanto en México como en bancos extranjeros, en donde también se erigen como “expertos” en asuntos inmobiliarios.

¿Austeridad? Esta se impone a los gobernados, quienes no tienen opción por la permanente crisis económica.

Si Juárez obligaba a sus seguidores a repartirse la pobreza, al grado de que en ocasiones no tenían ni para sus gastos básicos, los gobernantes “modernos” reparten favores, canonjías, contratos y beneficios entre sus familiares, amigos y seguidores, para mantener una vida sin limitaciones, al cabo -dicen-, para eso es el poder.

Pobres gobernantes: tan lejos de Juárez y tan cerca del dinero.

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