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Jueves , 18.10.2018 / 10:07 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

A 30 años de la tragedia en la Ciudad de México

María Doris Hernández Ochoa

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En pocos minutos se descorrió el velo de la improvisación, la corrupción y la falta de prevención ante catástrofes de la magnitud del terremoto que asoló a la ciudad capital del país, hace hoy 19 de septiembre de 2015, 30 años, a partir de las 07 horas y minutos.

La imprevisión o ausencia de personal calificado como agentes de reacción ante eventos de esa dimensión: no existía como institución protección civil, y ésta era la segunda llamada después de la explosión en el subsuelo de una amplia zona de Guadalajara, producto de gasolina que corría como un río, y nada se hizo para evitarlo.

La corrupción afloró por la calidad de los materiales para construcción que se utilizaron en la mayoría de los edificios y que cayeron como endebles estructuras, aprobadas por el departamento de Obras Públicas y por los constructores, que apostaron abaratando las obras usando material inadecuado.

La prevención es parte del protocolo que se aplica en la protección de la población ante inesperados o pronosticables fenómenos de la Naturaleza. El departamento que operaba como agente previsor, era incipiente.

¿Por qué todo eso si la ciudad de México está asentada en terreno frágil y en zona sísmica? Construir una megalópolis allí fue un error histórico, pero ningún gobernante consideró el cambio geográfico, como lo hizo Brasil, no obstante lo previsto en la Constitución Política.

Otra panorámica de la ilegalidad fue el descubrimiento de docenas de talleres de costura que operaban sin ajustarse a la Ley Federal del Trabajo y realizando un trabajo semi-esclavo: cientos de costureras murieron entre los escombros y su líder Evangelina Corona quien después del sismo evidenció las condiciones infrahumanas en que laboraban, y luego recopiló la memoria de la lucha en su libro: “Contar las cosas como fueron“… y los patrones desaparecieron.

Antes de que las autoridades reaccionaran por el aturdimiento que ocasionó el sismo, la sociedad civil ya había entrado en acción, entre otros nacieron los famosos “topos”, héroes anónimos de México reconocidos en todo el mundo. Intervinieron personalidades como Plácido Domingo, Elena Poniatowska con las historias donde recupera la solidaridad que manifestaron los ciudadanos en el libro “Nada, nadie: las voces del temblor”. Jacobo Zabludovsky, hizo una histórica narración recorriendo la zona desde un automóvil y usando sólo un teléfono. México cambió y entró en acción para proteger a las personas: la estructura de Protección Civil que rige actualmente cada municipio, gobierno estatal y empresas que funcionan en el país.

Quien esto escribe no lo hace leyendo narraciones de reporteros, porque estuvo allí en ese día fatal y fue testigo del derrumbe de la ciudad… pero también del gobierno.

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