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Jueves , 19.07.2018 / 03:21 Hoy

Columna de María Dolores López Loza

Carta de no antecedentes penales, derechos humanos y discriminación

María Dolores López Loza

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En la República Mexicana existen varios tipos de trabajos en los que se solicita una carta de no antecedentes penales, especialmente cuando se trata del desempeño de un empleo, cargo o comisión en el servicio público. Esta carta tiene como finalidad acreditar que la persona interesada no haya cometido delito alguno o que no tiene antecedentes penales, y es un requisito de ingreso o permanencia en diversas instituciones.

Según el cuaderno mensual de información estadística penitenciaria nacional (SEGOB 2015), la población reclusa en México es de 251 mil 512 personas, quienes tendrán menos posibilidades de conseguir un trabajo al cumplir su condena, lo que se traduce en discriminación. Al convertirse en sujetos de discriminación, las y los ex convictos son privados de sus derechos humanos, y no acceden en condiciones de igualdad al ámbito laboral.

Los reclusorios en México llevan el nombre de Centros de Readaptación Social. El encarcelamiento tiene por objetivo proporcionar a la persona reclusa los insumos oportunos para desarrollar la capacidad de discernimiento, prevenir una futura conducta delictiva y potencializar sus aptitudes y habilidades para que sea posible su reinserción positiva en los núcleos social y familiar. Es decir, a esto [en teoría] va uno a la cárcel.

México ha firmado tres instrumentos internacionales con los que queda obligado ante la comunidad internacional a no aplicar la pena de muerte en su territorio (La Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el Protocolo de la Convención Americana sobre Derechos Humanos). Esto supone que confiamos en que una persona que ha delinquido es capaz de ser un sujeto de readaptación social, sin importar el delito por el que se le sentencie a la pena privativa de libertad.

El ser una o un ex convicto no debería de condicionar el futuro de las personas. Nelson Mandela quien fue prisionero durante 27 años (de 1963 a 1990) y en 1994 se convirtió en presidente de Sudáfrica (de 1994 a 1999). Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1993, se convirtió en uno de los símbolos más relevantes de la lucha por la justicia y mejoró las condiciones de su país durante su presidencia siendo un ex convicto.

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