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Miércoles , 26.09.2018 / 03:01 Hoy

La Cueva de la Hidra

Feminicidios: el estigma

Margarita Jiménez Urraca

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Absortos en los complejos problemas que vive el país, hemos dejado de volver la mirada a los feminicidios (asesinato de mujeres por tema de género) en el Estado de México. Cada vez son más, menos los atendidos o resueltos y más la indiferencia a éstos. La impunidad campea y los asesinatos de mujeres siguen ocurriendo. Datos del Observatorio Nacional Contra el Feminicidio dan cuenta que en el Estado de México, de 2011 a 2015 se reportaron mil 500 mujeres desaparecidas, de entre 15 y 17 años; de 2011 a 2013 se registraron 840 asesinatos, también de mujeres, de los cuales sólo 145 (el 17.2%) fueron investigados como feminicidios; en este mismo sentido, de 2012 a la fecha, el Banco Nacional de Datos e Información sobre Violencia contra Mujeres (BANAVIM) consigna un total de 12 mil 950 casos de agresión en territorio mexiquense, la más alta tasa del país, que sobrepasa la media nacional.

El 28 de julio de 2015, el gobierno federal decretó la alerta de género para 11 municipios del Estado de México: Ecatepec, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Toluca, Chimalhuacán, Naucalpan, Tultitlán, Ixtapaluca, Valle de Chalco, Cuautitlán Izcalli y Chalco, ninguno se salva. Ya es tiempo que esta lacerante realidad sea prioridad de todos. Ni un feminicidio más sin una averiguación correctamente integrada, ningún medio omiso del lacerante tema, ningún mexiquense sin preocuparse por lo que ocurre.

Un estudio de Parametría de 2012, llamado "Lo peligroso de ser mujer en México", consigna que los feminicidios se deben a celos (78%), inseguridad en el país (66%), existencia de organizaciones criminales (64%), el odio y desprecio a las mujeres (58%), vulnerabilidad de género (50%). Todas ellas, expresiones enfermas de una sociedad quebrada.

En tanto, y de manera contrastante, más mujeres exitosas acceden a puestos de poder –no todas las que tendrían que hacerlo– ocupan posiciones legislativas, en el servicio público, dirigen empresas, participan en la ciencia y en la academia, donde destacan, y muchas más que trabajan y son jefas de familia, mientras el número de feminicidios crece.

Se han exacerbado estos crímenes entre las más vulnerables, al mismo tiempo que el desarrollo y éxito de las mujeres en el mundo productivo, del conocimiento y el poder, ganan espacio. El contraste se percibe mal: dos mundos que requieren de emparejarse por vía de las oportunidades, la prevención y la impartición de justicia, siempre deficitaria.

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