• Regístrate
Estás leyendo: El amor de mis amores
Comparte esta noticia
Martes , 21.08.2018 / 17:24 Hoy

La Cueva de la Hidra

El amor de mis amores

Margarita Jiménez Urraca

Publicidad
Publicidad

Cuando nací estaba ahí, cobijándome. Todos cabíamos. Médicos y parteras resolvían bien nuestra llegada al mundo y el tiempo de crianza. No el de todas las madres ni todos los recién nacidos. Tuve suerte. Él abrazó a mi madre como a muchos que venían huyendo del horror de la guerra.

Más tarde, ya niña, mis juegos serían en una calle segura, Nunca nos molestó nadie. Iba caminando a la escuela primaria pública y después a la secundaria donde tuve maestras y maestros excelentes, respetados por la comunidad. Recuerdo especialmente a mi maestra de literatura y al de civismo. Ellos nos enseñaron el respeto y amor a nuestro origen y a los símbolos patrios, al igual que a las instituciones y a nuestros mayores. Después, cuando ingresé a la prepa y a la universidad ahí estaba mi amigo, el que me acompañó siempre. Solo gasté en libros, pasajes y una inscripción simbólica. Estuvo ahí para motivarme y señalarme el camino. Este amigo mío favoreció que encontrara un empleo digno a fin de ser productiva y de llevar lo necesario a mi casa. Ahí estaba él, siempre apoyando y creando las condiciones para que las cosas ocurrieran. Cuando empecé a escribir ahí estaba. Nunca me censuraron ni me persiguieron, pero después asesinarían a mi maestro poeta. Cuando mis padres partieron y quedaron para siempre en esta noble tierra, me dijo: también es tuya. Cuando me casé estuvo presente, había un representante de él. Cuando hice de mi oficio una especialidad y empresa con quien me brindó la oportunidad, también me cobijó, ahí estaba, apoyando a aquellas niñas y niños de mi escuela primaria: fuerte, erguido, orgulloso, satisfecho. Los niños habían crecido, daban frutos.

De pronto, el estupor, la incredulidad, el temor, la desilusión y la pesadumbre se habían apoderado de mí, se habían apoderado de todos. Mi amigo, el amor de mis amores estaba enfermo, herido, vejado, saqueado y con él todos habíamos enfermado. Invadidos por la corrupción, la impunidad y la barbarie, casi nadie se salvaba. El amor de mis amores, quizá pueda hacerlo, pero los niños que no tuvieron las mismas oportunidades que otros y padecieron la injusticia por décadas se han vuelto contra él, contra. Él, que nos había abierto los brazos, él que había favorecido los estudios, empleos y salud de muchos, él que nos había dado proyecto e instituciones, hoy estaba herido. Entre todos lo estábamos matando.

En este día del amor y la amistad, abrazo a mi país, a mi mejor amigo, a México, al amor de mis amores, deseando que se recupere pronto.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.