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Sábado , 23.06.2018 / 15:46 Hoy

De monstruos y política

PRD

Marco Rascón

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Gran capacidad para eludir sus deformaciones, el PRD elige a su tercer presidente del mismo periodo, en una crisis crónica y refundaciones que no han podido cambiar su naturaleza de partidos dentro del partido que matan la militancia y hacen de su liderazgo un adorno.

Esta estructura, recurrentemente cuestionada y que ha llevado a la doble militancia y la simulación legal que aplica la máxima de “acuerdo mata estatuto”, ha sumido al partido en un estado de ilegalidad crónica, pues los acuerdos de grupos son la base de su existencia política y su verdadera institucionalidad.

Al fundarse el PRD tras el llamamiento del 12 octubre de 1988, se decía que había que construir un partido de “nuevo tipo” para que tanto sus organizaciones sociales y partidarias como el deslinde de lo que significaba el PRI como sinónimo de autoritarismo, fraude, imposición e ilegalidad no se repitiera. ¿Por qué el PRD y Morena terminaron imitándolo?

“Un ciudadano, un voto” se decía en el llamado, y que la afiliación debía ser individual y no corporativa. Esta definición en los hechos fue deshechada desde el segundo Congreso Nacional, cuando se acordó por el impulso de los grupos minoritarios inspirados en el sectarismo tradicional el derecho de cuotas para formar estructuras que “se registran” y hasta hoy controlan la vida del PRD de manera cupular.

La consolidación de esta estructura se dió durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, que impuso la estructura de “delegados en los estados” a manera del PRI y acabó con el PRD como partido federado. Estas atrocidades ahora no tienen autor, pero son vigentes.

La elección de Alejandra Barrales como presidenta del PRD es, por tanto, una tregua, no un liderazgo. Las corrientes decretaron un fuera de tiempo de un año para dirimir sus reacomodos y eligieron el mejor perfil: alguién nacido y crecido entre las corrientes.

El gran problema es que ante los errores no reconocidos desde 1996 y del 2006 y del 2012, donde el liderazgo impuso programa y dirección (recuérdese a Leonel Cota), el PRD fue perdiendo identidad y hoy sus mayores problemas no son la división, sino la disolución y traspaso desmemoriado de un partido hacia otro difrazado de política unitaria y en cuyo cielo no hay corrientes, sino una sola decisión personal.

El gran enigma del PRD es que luego de subordinar toda su línea al tema de las alianzas, la polarización y las tensiones internas estarán en aumento, bajo el drama de que aislarse es favorecer al PRI y las alianzas lo diluyen.

www.marcorascon.org

@MarcoRascon

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