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Martes , 16.10.2018 / 06:02 Hoy

De monstruos y política

La provocación derrotada

Marco Rascón

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¿De qué lado están los provocadores (Peña dixit)?

Imperceptible para muchos e interés oportunista en no reconocerlo para otros, la marcha del pasado 26 de septiembre a un año de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa significó un cambio radical de la política de gobierno hacia las manifestaciones de exigencia y protesta en la Ciudad de México.

En acontecimientos similares o los conmemorativos del 2 de octubre o 10 de junio, por ejemplo, se caía en la trampa siniestra que utiliza a pequeños grupos reivindicando la anarquía y la indignación, mediante una estrategia habitual: reventar las manifestaciones y sus fines, sustituyendo la participación masiva con actos de violencia contra policias, comercios y hacia los mismos manifestantes que se deslindaron de ellos, para presentar al gobierno de la ciudad como omiso y represor al mismo tiempo. La idea de obtenerlo, es destruirlo.

Para los interesados en desvirtuar la protesta social y criminalizarla no hay mejor aliado que la provocación, para desvirtuar la libertad de expresión y manifestación, opacando los propósitos de los manifestantes.

En la pasada manifestación del 26 esto cambió. El diálogo previo a la manifestación con los familiares de los normalistas de Ayotzinapa, así como la causa común contra los actos de violencia vinieran de donde vinieran, llevó al fracaso los actos de provocación.

La ausencia de granaderos dejó a la provocación desnuda y sin pretexto, atacando a policías de tránsito, vandalizando negocios o llegando al ridículo de amenazar a músicos organilleros por tener una cachucha y confundirlos con "representantes del Estado".

Los provocadores tuvieron que enfrentar a los manifestantes, a los que acusaban de "hacer sus marchitas que no sirven de nada", pero que son incapaces de salir ellos solos a la calle y hacer valer su estrategia vandálica y mediática, porque sus fines son otros y alguien los usa y protege.

Fueron los mismos manifestantes al grito de "¡No violencia¡" quienes los repudiaron y los aislaron impidiéndoles llegar hasta el Zócalo, lo cual devino en un mitin pacífico y no hubo detenidos, pese a las notas preparadas y la intención de magnificar como "enfrentamientos" lo que era provocación abierta.

Lo sucedido el 26 no fueron ocurrencias, sino la reconstrucción de la política de diálogo para garantizar la libertad de expresión y manifestación. La izquierda debe defender los derechos ciudadanos y la no violencia, con contundencia y razones.

El 26, los provocadores y patrocinadores fueron derrotados.


www.marcorascon.org
@MarcoRascon

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