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Martes , 25.09.2018 / 16:55 Hoy

De monstruos y política

La generación del sismo

Marco Rascón

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Casi ninguno de los que fueron rescatistas, activistas y organizadores en 1985 tenía fama pública: fue una gesta de ciudadanos anónimos.

El sismo formó su propia generación social y política de entre los escombros, los campamentos y la crisis de credibilidad del gobierno. Del vacío de poder, los barrios, las vecindades y el hacinamiento invisible, surgieron las nuevas organizaciones de la renombrada sociedad civil; antes inexistente, ahora pulverizada.

Los nombres de los barrios se hicieron bandera de orgullo: soy de la Guerrero, de la Obrera o soy costurera. Nació el honor de la identidad y el arraigo al tugurio.

Siendo la mayoría de los activistas y organizadores de damnificados miembros de organizaciones, comunistas y de izquierda de la generación de 1968, la ortodoxia ideológica se transformó y el sismo cambió a sus protagonistas, sembrándolos a la realidad.

De 1985 se pasó a la expansión de los movimientos urbanos en las áreas centrales de la ciudad, de los microcosmos marginales a la idea de luchar por la ciudad en su conjunto. Los viejos sectarismos ideológicos tuvieron que ceder ante la alternativa de la inclusión y el pensamiento plural. Con el sismo surgió la aspiración democrática de la Ciudad de México.

La generación del sismo dio un salto para ver la ciudad bajo nuevos referentes, como el concepto de ciudadanía, democracia, derechos y diversidad.

La cultura se expresó en la lucha por la identidad y el orgullo de ser habitantes de la gran Ciudad de México. El "chilango" pasa de ser, paulatinamente, un término peyorativo a una identidad, respondiendo a las campañas ultraderechistas provinciales que llamaban en 1983 "a matar un chilango".

A la generación del sismo, ya fusionada con los viejos y los nuevos protagonistas de la reconstrucción, los sorprendió 1988 y fueron memorables, pero aún son desconocidos, los mítines a las 2 de la madrugada, las noches insurrectas del cardenismo, de más de 20 mil o 30 mil personas en el centro de la Pensil, Tepito, Santa Úrsula y Tlatelolco, donde se advertía la nueva fuerza democrática, la derrota del PRI y la que obligó a la izquierda gradualista a sumarse a la gesta fuera de sus esquemas.

Ahí se unieron las historias de todas las luchas de la ciudad que dieron prestigio a la izquierda como defensora de la cultura, la educación, el bienestar social, la legalidad y la democracia.

La generación del sismo fue una gran articuladora y, por eso, a 30 años, hay que reivindicarla por su obra y como parte de la historia de la Ciudad de México.


www.marcorascon.org
@MarcoRascon

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