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Viernes , 21.09.2018 / 21:00 Hoy

Insurgentes Sur y Avenida de La Paz, CdMx

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¿Tomar el carril de la derecha para ir a la izquierda? ¿Esa es la estrategia generalizada? ¿Esa es la alternativa novedosa?

Este crucero de Ciudad de México podría ser el símbolo del proceso de derechización de las fuerzas políticas en el país, que al son que toca la tendencia mundial, han dejado sin opciones de alternativa progresista al pueblo.

Cuando los bloques económicos se derrumban y resurgen los imperios con su brío nacionalista, que en ellos significa racismo, expansión, expoliación, destrucción del medio ambiente y militarismo, las fuerzas políticas mexicanas en conjunto giran para sumarse a la tendencia mundial e imponerle al país seis años de lo mismo.

Divididos en tres bloques o mazacotes, tras 18 años de transición fallida donde las siglas se desfiguran y los colores se hacen uno, el sistema electoral mexicano dejó de representar la diversidad ideológica y las opciones democráticas para ofrecer una sola letrina, al fondo y a la derecha.

Lo peor es que la fuerza hegemónica a vencer de la “oposición” hoy ha creado dos bloques que albergan a la izquierda dividida y ambas conducidas por la derecha.

Es tanta la tragedia programática, que el PRI conductor del neoliberalismo se presenta hoy como la fuerza “de centro” y como la opción de la “unidad nacional”, mientras la oposición fragmentada y en lucha se fue a la derecha y ultraderecha.

Una intelectualidad que les sigue y justifica hoy razona sobre el resurgimiento de grupúsculos de derecha que crecen al amparo del pragmatismo y revelan el conservadurismo que se ha escondido por 18 años tras la máscara del “cambio verdadero”.

Transgénicos, racismo, promesas demagógicas, homofobia, misoginia, militarismo, centralismo y ultrapresidencialismo son justificados por los intelectuales orgánicos del proceso de derechización.

El único polo electoral quedó en la derecha y, todos a su vez, sometidos a la barbarie del actual gobierno estadunidense. Valores como la democracia, la diversidad, la defensa de los recursos naturales, la agenda del cambio progresista, derechos y libertades han desaparecido entre el montón de basura discursiva de los tres candidatos presidenciales.

Agoniza inocentemente 2017, un año que será recordado como laboratorio electoral de 2018, año de sismos, leyes retrógradas, caricatura y una propuesta de candidatura indígena que ha catalizado lo racista que es una parte de la sociedad mexicana.

En esta antesala estamos, esperando que algo nuevo suceda, pero donde todos seguimos haciendo lo mismo en busca de un resultado diferente.

Saludos y felicidad para todos en este 2018.

www.marcorascon.org

@MarcoRascon

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