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Sábado , 26.05.2018 / 06:08 Hoy

De monstruos y política

Espacios culturales y reforma mercantil

Marco Rascón

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La Ciudad de México y sus espacios hierven de iniciativas culturales.

Es como el agua, imposible de detener, y cuando las instituciones no caminan al ritmo de la sociedad, viene la cultura a sustituir lo que la política no resuelve.

Desde hace casi 30 años, como efecto de los sismos de 1985, esa “sociedad civil” que se reconoce en el discurso como protagonista se esparció y fundó espacios culturales como el Circo Volador, la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de Septiembre, el Foro Alicia, La Pirámide, La Escuelita en Los Pedregales de Coyoacán, Titerías, El Hábito, El Vicio de las Reinas Chulas y muchos otros más, que hoy están en todas partes como miniteatros, teatros, galerías, espacios de música, talleres de enseñanza y que para sobrevivir muchos de ellos han tenido que buscar un lugar dentro de la Ley de Establecimientos Mercantiles.

El gran problema no solo para los espacios culturales, sino para cualquier ciudadano que busca crear una pequeña empresa e invertir es la sobrerregulación, que pone lo que es legal en la ilegalidad y vuelve inseguro lo que debe garantizar la seguridad.

Es gracias a la iniciativa de colectivos de jóvenes y artistas, que la oferta cultural en la ciudad es extensa y constituye un patrimonio que ningún presupuesto gubernamental podría cubrir. Es a través de ellos, que miles ejercen su derecho a la cultura.

Con el objetivo de fomentar y acrecentar estos espacios de autogestión es urgente modificar y reformar la Ley de Establecimientos Mercantiles, creando un apartado especial para la operación de los Centros Culturales creados de manera autónoma y desde la sociedad.

Que estos centros se conviertan en empresas culturales, cuya licencia de funcionamiento sea no para el lucro, sino a cambio de producciones editoriales, musicales, cinematográficas, plásticas, de formación en danza, literatura, poesía, circo y otras disciplinas.

Los centros culturales autónomos son esenciales en la construcción de comunidad y es lo que posibilita el acceso a los derechos culturales de los ciudadanos de manera continua; para ello y autosostenerse deberán tener una legislación especial en la Ley de Establecimientos Mercantiles a fin de protegerlos y diferenciarlos de otros giros de alto impacto vecinal y zonal.

El desarrollo de la sociedad ha sabido defenderse de los bajos presupuestos y las limitaciones institucionales, particularmente en cultura, que es invocada, pero no respetada por las estructuras políticas y de gobierno.

Este es el tiempo correcto para hacerlo.

www.marcorascon.org

@MarcoRascon

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