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Sábado , 26.05.2018 / 16:53 Hoy

De monstruos y política

El valor de la legalidad

Marco Rascón

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Desde la influencia del anarquismo, Ricardo Flores Magón decía: "El revolucionario es un ilegal por excelencia".

Ya desde mucho antes, los revolucionarios del mundo debatían sobre la legalidad y la necesidad de estar en los parlamentos, dumas, pactos constitucionales, convenciones y congresos, asumiendo papeles de minorías y mayorías, defendiendo la legalidad y reformándola.

De este modo, en muchas revoluciones, la lucha por el respeto a la legalidad vigente se convirtió en programa revolucionario, cuando los mismos encargados de respetarla y aplicarla se han convertido en sus principales detractores y violadores.

En México, la independencia nace constitucionalmente desde las entrañas de las Cortes de Cádiz contra el absolutismo bonapartista, que a tiempo de barco de enero a septiembre de 1810 llega con furor al México colonial y cimbra con vacíos de legalidad la relación entre criollos y peninsulares; a los que reconocían a Fernando VII y los que no.

De la Constitución de Apatzingán y los Sentimientos de la Nación de Morelos a nuestros días, el eje de nuestras luchas internas y externas ha sido la invocación de la legalidad y las constituciones. 1857 desencadena la invasión francesa y 1917 es un pacto para acabar una guerra interna.

Los Tratados de Ciudad Juárez en 1911 se pactaron pretendiendo ahorrarle una revolución al país y un golpe oligárquico e imperial desvía el proceso hacia la guerra. Las causas sociales sobrepasan a las políticas de no reelección y por ello la causa revolucionaria nace dividida entre el constitucionalismo y las luchas sociales en demanda de tierra y derechos a la educación y al trabajo. Pierden los de 1914 que están ausentes de la legalidad de 1917.

En 1968, el movimiento exigía, "respeto a la Constitución" porque el gobierno la violaba. Violaba todos los derechos, usando al Ejército como represor de civiles, disparando el 2 de octubre.

El gobierno ha violado sistemáticamente la Constitución y ha querido encubrir la ilegalidad, reformándola más de 60 veces para legalizar la violación.

De sus violaciones se sembró la guerra sucia contra toda una generación de jóvenes que vio como único camino las armas en los años 60 y 70. De ahí nacería el retorno a la búsqueda de legalidad en 1977, mediante la reforma política y la Ley de Amnistía.

Hoy la defensa de la legalidad constitucional pasa por la necesidad de una Nueva Constitución General y la importancia de la Constitución en la capital, que requiere presencia revolucionaria y no miopías.

www.marcorascon.org
@MarcoRascon

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