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Jueves , 21.06.2018 / 21:34 Hoy

De monstruos y política

Dioses extremos

Marco Rascón

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La comparación del dolor, entre el propio y el ajeno, es un desacierto. El dolor propio siempre será el más importante, pero no lamentar la violencia en Francia porque en México también hay, es enfermo.

¿Cómo elevar a rango principal la violencia mexicana, por encima de la francesa, la kenyana o la siria? ¿Quién califica y desde qué posición? ¿Cuál es más dolorosa y más injusta?

Toda víctima considerará injusta la violencia contra ella, y cada victimario tendrá una justificación para ejercerla. Por tanto: cada violencia tiene su propia historia y lo que estamos viendo no es el origen, sino una etapa de la violencia que está sembrada en el mundo.

Más allá de las justificaciones nacionales, religiosas, económicas y vengadoras de la violencia, por enésima vez, la paz del mundo está en crisis y por eso surge lo peor de la humanidad. Se reclama paz en casa, mientras se justifica violencia para otros, ya sea en México o en Francia.

Europa y los imperios se repartieron África, Asia y América Latina sin importar culturas, naciones originarias e identidades. Siria y muchas fronteras del mundo fueron inventadas en una mesa hace menos de 100 años. Lo que hoy estamos viendo es la crisis de ese reparto mal negociado que sometió naciones enteras y sus riquezas naturales. Las viejas relaciones imperiales están reventando ante los abusos coloniales, y Siria necesita bombardeos —diría José Mujica— pero de alimentos, no de misiles.

Ante la falta de ideologías liberadoras y crisis del humanismo, la guerra se viste de religiosa y los dioses extremos reaparecen. ¿Cuánto odio y violencia cristiana justificará el ataque del viernes 13, en nombre de Alá? Todas las religiones tienen sus extremos: los nazis eran católicos; hay cristianos, musulmanes y judíos intolerantes, pero también existen los libertarios.

El fondo no es religioso. De la vieja contradicción este-oeste del siglo 20, estamos al pie de la guerra entre el norte y el sur, creada por el fracaso capitalista. Millones migran de sur a norte ante el futuro negado en su propia tierra.

En México vivimos nuestro propio drama violento al situarnos donde nadie nos quiere. Nos desprecian por igual Norteamérica y América Latina. No somos ni sur ni norte, estando en un lugar privilegiado y disputado.

¿Qué sucederá tras el ataque en París? ¿Cómo explicar el resentimiento comparativo y enfermo que justifica el terror reclamando ser las víctimas únicas y las más importantes? ¿Cómo frenar la violencia en el mundo, a los imperios y sus dioses extremos?


www.marcorascon.org
@MarcoRascon

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