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Lunes , 18.06.2018 / 07:16 Hoy

De monstruos y política

Del sismo al estado 32

Marco Rascón

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El sismo de 1985 y la inoperancia mostrada por el gobierno impuesto para atender la emergencia ante el desastre aceleró las condiciones políticas y sociales para que se construyera una fuerza democrática a favor del gobierno propio en la capital y se intensificara el debate por el estado 32.

La insurgencia de la sociedad civil, recordada el año pasado por el 30 aniversario de la tragedia y la reconstrucción de la ciudad, tuvo como consecuencia directa en la capital la irrupción del movimiento de 1988 (Carlos Salinas, 23 por ciento. Cuauhtémoc Cárdenas, 47 por ciento); la Primera Asamblea de Representantes (1988-1991), la Convención del Anáhuac (1989-90) y el Plebiscito Ciudadano (1993), ambos por el estado 32.

Los que hoy buscan minimizar el fin del Distrito Federal y la promulgación del nuevo estado de la Federación con plenos poderes y no con sus derechos suspendidos, como lo establece el artículo 44 constitucional, están marcados por la visión del viejo centralismo; los defensores del presidencialismo autoritario y los viejos regionalismos conservadores por restarle fuerza e importancia a la ciudad histórica, que fuese y es, capital indígena, virreynal, de la Independencia, del liberalismo, de la Revolución y del régimen surgido de ésta.

La evolución de la lucha por los derechos políticos de los habitantes de la capital para elegir a sus gobernantes y tener un gobierno con plenos derechos, basado en la soberanía, va a iniciar en los siguientes años, el debate y los cambios en nuestro sistema federal, para concretar relaciones equilibradas y justas entre la capital, los poderes federales y los estados que integran la República.

El debate de la nueva Constitución política mediante una Asamblea Constituyente, es el resultado de una sostenida aspiración democrática y que hoy se quiere minimizar por mezquindad, ya que muchos de sus logros, libertades y derechos alcanzados se realizaron a partir de la primera elección de 1997 y la reforma lograda en 1995, que abrió el camino franco al gobierno propio en la capital y el estado 32.

Siendo un acontecimiento histórico y motivo de fiesta, sin embargo, por la polarización política se impide reconocer los antecedentes de luchas, debates, reformas grandes y pequeñas que han logrado este cambio que impactará no solo la gobernanza local, sino la estructura toda del sistema federal mexicano.

La generación del 85, el 88, el 93 y el 97 deberá estar presente en ese Constituyente histórico, en ruta hacia una nueva Constitución nacional.


www.marcorascon.org
@MarcoRascon

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