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Lunes , 18.06.2018 / 00:57 Hoy

2018, la reestructuración del poder en México

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Todo parece indicar que gane quien gane la Presidencia, el pueblo de México ya perdió. ¿Por qué?

Porque serán los mismos, pero reciclados bajo otras siglas. Porque seguirá el mismo modelo económico. Porque continuará el mismo sistema político, basado en el clientelismo y la ruptura con la sociedad. Porque el federalismo, lejos de revitalizarse, continuará deteriorándose en manos de grupos regionales que administran sus gobiernos estatales. Porque seguirá la violencia. Porque se seguirá debilitando la soberanía, pues los prospectos presidenciales son todos sumisos proyanquis. Porque seguiremos sometiendo las prioridades nacionales a favor de los intereses globales.

Llevamos 30 años bajo la disputa oligárquica entre los que apostaron a la entrega del país, bajo la bandera de la modernidad, y entre aquellos que se han beneficiado del proteccionismo, el monopolio, los altos precios y la ineptitud; que disfrazan sus intereses particulares con los nacionales.

En este 2018, los candidatos a la Presidencia de los tres bloques principales, son los monstruos creados por una clase dominante que busca garantizar la preservación de su poder. ¿Por qué partido? Eso es lo de menos.

Andrés Manuel López Obrador repite su mala puntería de 2006, que atacaba a Santiago Creel, mientras el oponente real era Felipe Calderón, al que subestimó y logró el apoyo a su favor de la mayoría de gobernadores y grupos de poder, nacionales y regionales. AMLO, hoy, se lanza contra Antonio Meade, sin ver que Ricardo Anaya está concentrando a los grandes poderes encabezados por Carlos Salinas y Diego Fernández de Cevallos… los del 88, que han regresado. El PRD actual nos recuerda al Partido Comunista de 1946, apoyando a Miguel Alemán.

López Obrador y su giro abierto a la derecha para ganar (siempre lo fue, solo que los necios ven menos que los ciegos), aunque iba adelante en las encuestas sin esas alianzas, hoy es nuevamente la opción popular, de la oligarquía, el constructor de la derrota que la derecha menor apoya, que ofrece controlar a los pobres “sin romper un vidrio”, que sabe destruir alternativas reales y peligrosas, que garantiza la derrota para que los poderes se reconstruyan y duerman tranquilos. AMLO ha demostrado saber usar a la izquierda y dividirla, acabar con el peligro latente del 88 democrático y unitario, que puso a los poderes oligárquicos en verdadero peligro. Para la oligarquía perfecta, es la oposición perfecta.

Cuando López Obrador se ha centrado en Meade, la oligarquía se reorganiza con Anaya. En el fondo, Meade y el PRI han sido un señuelo y una trampa, pues todo apunta a que habrá desbandada silenciosa del priismo hacia Anaya, donde quedará asegurada la reestructuración del poder.

En adelante, la elección ya no será de tres, sino de dos y para los fieles seguidores de AMLO, ya será demasiado tarde para darse cuenta que en 2018 han luchado contra un fantasma, un barco abandonado, un tigre de papel que le pusieron para engañarlo a él y sus seguidores de última hora, que suma ingenuamente contrarios para “hacer historia”.

¿Cuál es la opción frente a ellos? Seguir siendo oposición.

www.marcorascon.org

@MarcoRascon

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