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Domingo , 24.06.2018 / 10:54 Hoy

A la intemperie

“¿Ya no le queda algo de decencia?”

Marco Provencio

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Ya no hay duda. Hay un psicópata indecente en la Casa Blanca. Menos de una semana ha sido suficiente para constatarlo. Mentiroso, falso en sus emociones, carente de empatía humana y, en particular, impulsivo y vengativo, han sido rasgos que hasta un asistente a la primera lección de psicología habría identificado sin mayor esfuerzo.

Hay un psicópata indecente en la Casa Blanca. Comenzó con un discurso inaugural que sorprendió por su brutalidad, por un marcado acento dictatorial latinoamericano, de esos que por acá conocemos tan bien de oídas y leídas, salvo que alguien crea que incluso en sus peores años los gobiernos de la revolución fueron siquiera similares a las dictaduras sudamericanas. Continuó con sus "hechos alternativos" sobre la magra asistencia a su toma de posesión y siguió con el lloriqueo de haber perdido el voto popular a causa de una supuesta avalancha de votos de ciudadanos ilegales. Afirmaciones todas sin comprobar.

Hay un psicópata indecente en la Casa Blanca, pero si bien esto puede escribir este escribidor de MILENIO y ser compartido por 140 millones de mexicanos, tanto los de allá como los de acá, hay algunos pocos que necesitan guardarse sus adjetivos para sí mismos y, aunque les cueste trabajo, mantener altura, elegancia y cuidado en sus expresiones. Funcionarios públicos, representantes populares, ex presidentes. Con todo y este olvido abrupto a las más mínimas reglas de urbanidad, la figura de cualquier ex presidente sigue teniendo simbolismo, por lo que el ex presidente Fox haría bien en continuar con su campaña de arengas a favor de México, pero dejar de lado ciertos adjetivos que le rebajan al nivel de quien cuestiona con razón.

El punto de inflexión del macartismo, ese periodo negro y vergonzante de represión política en la historia estadunidense, en el que se hizo costumbre acusar a terceros de traición sin necesidad de contar con evidencia, se dio cuando el asesor legal del ejército estadunidense, Joseph Welch, fue cuestionado por el senador McCarthy. Tras un intercambio ríspido en el que el senador por Wisconsin insistía en buscar cómo incriminar a un joven abogado que había trabajado con Welch, éste le interrumpió para preguntarle a bocajarro: "Senador, por fin, ¿ya no le queda algo de decencia?". En un instante, la brutalidad de los ataques de McCarthy quedó en evidencia por quien, con una frase, se apropió del espacio moral sin rebajarse al nivel del otro ("when they go low, we go high", sería la versión de hoy). Hay pues un psicópata indecente en la Casa Blanca, pero son los mismos que lo eligieron quienes en menos de cuatro años se encargarán de sacarlo de ahí. Mientras tanto, hay que apoyar al presidente Peña Nieto, y abrocharse el cinturón.

mp@proa.structura.com.mx

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