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Lunes , 15.10.2018 / 19:50 Hoy

A la intemperie

Una minoría oprimida (pero poco demandante) / y II

Marco Provencio

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En cierto sentido, los jóvenes son una minoría oprimida. Tendrán el futuro por delante, pero en lo que lo encuentran tienen que batallar contra las circunstancias y la arquitectura regulatoria que los mayores han tejido para cuidar sus intereses.

En particular, es el mercado laboral el que más atenta en su contra: favorece a quienes tienen un trabajo "asegurado" por encima de quienes inician la búsqueda de uno. Así, mientras el desempleo en España ronda 21 por ciento de la población económicamente activa, dicho indicador alcanza un amenazante 48% para menores de 25 años. En Italia las cifras son de 11 y 40% respectivamente. Y ni qué decir de Grecia (25 y 48%) o inclusive Francia (10 y 25%). Para México, mientras la tasa de desocupación abierta ronda 4%, aquella para los casi 21 millones de jóvenes entre 15 y 24 años de edad ronda 6%, resultado, claro está, de la ausencia de mecanismos de compensación para quienes carecen de empleo.

Pero más allá de las cifras, del impacto en quien busca, pero no encuentra trabajo, del potencial desperdiciado, el problema se complica, ya que, tras haber terminado sus estudios, es durante los primeros años de trabajo que las personas forman los hábitos que les acompañarán en su carrera profesional: disciplina, responsabilidad, habilidades para trabajar en equipo y para acoplarse a estructuras organizacionales diversas, desarrollo de la capacidad emocional y de la búsqueda de resultados. Diversos estudios demuestran que quienes permanecen desempleados durante su juventud tendrán menores niveles de ingreso y de satisfacción personal cuando sean mayores, independientemente que para entonces hayan logrado colocarse en el mercado.

Curiosa paradoja, pues, la que enfrentan los millennials, aquellos que llegaron al siglo XXI sin ser mayores de edad (los nacidos de 1983 hasta 2000, según los cánones generalmente aceptados): en comparación con cualquier otra generación similar en la historia, son más ricos; están mejor informados y tienen más años de escolaridad; tienen mejor nutrición y son más saludables. Y, sin embargo, nunca el futuro les había sido tan complicado: les es más difícil conseguir empleo en línea con sus estudios (ya no digamos sus aspiraciones) y por ende iniciar una vida independiente. Por ello, en el "quién se lleva qué, cómo y cuándo" de la política, en lo que se define su carácter generacional (hay quien dice que dan más relevancia a cuestiones cívicas y sociales, y quien argumenta que se trata más bien de una generación narcisista), los jóvenes se beneficiarían de exigir a sus autoridades ahí donde cuenta, en el voto, y dejar que las peticiones en línea actúen más como selfies intelectuales o promocionales que poco hacen para eliminar la opresión.

mp@proa.structura.com.mx

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