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Domingo , 21.10.2018 / 10:10 Hoy

A la intemperie

Una decisión más que precipitada

Marco Provencio

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Se cumplen dos semanas de la sorprendente decisión británica por terminar su pertenencia a la Unión Europea. Es el punto de inflexión más importante en el ámbito internacional desde la caída del Muro de Berlín, más inclusive que el ataque a las torres gemelas en Nueva York, la anexión rusa de Crimea, la distensión con Cuba o cualquier otro.

Pese a todo, no es la retirada británica lo que en realidad importa en esta historia. Es el cuestionamiento al propósito y a la existencia misma del mecanismo de integración más avanzado que ha construido la humanidad. Como si los crecientemente globales y complejos problemas del siglo XXI se solucionaran mejor solos que en compañía y cooperación con los demás. Y sin embargo, sigue sin haber respuesta para múltiples preguntas alrededor del tema. Lo único claro es que nadie estaba preparado para el escenario actual, ni en el reino todavía unido ni en la Unión Europea, todavía unida también.

La incertidumbre sobre qué significa todo esto para el ciudadano común se intensifica, ya que el brexit sucede en un momento de gran debilidad europea: política, dada la creciente polarización del electorado europeo, escéptico de sus gobiernos cual más; económica, dada las secuelas de la crisis causada por la gran recesión de 2008 y el problema del excesivo endeudamiento en algunos países; social, dada la compleja trama alrededor de los migrantes y el retorno a políticas contrarias a los propios valores europeos, como sucede ya en Hungría y Polonia y pudiera extenderse a otros Estados miembro.

Frente a este escenario, los británicos dicen no tener prisa en invocar el famoso artículo 50 del Tratado de Lisboa, que establece el derecho de cada Estado miembro por retirarse de la UE “de conformidad con sus normas constitucionales” (no deja de ser curioso que Gran Bretaña carece de Constitución). Por su parte, alemanes y franceses cada vez más dicen tener cierta prisa, ya que ambos enfrentan elecciones el próximo año y el proceso debiera estar bien encarrilado para entonces (¿o alguien quiere imaginarse un gobierno de Marine Le Pen en París decidiendo sobre los términos de salida de los británicos?). Por ello, ante la incertidumbre en los mercados y entre los ciudadanos, hay quien comienza a susurrar que dicho perjuicio pudiera llevar a invocar el artículo 7 del mismo Tratado, el que establece los mecanismos para suspender los derechos de participación en la Unión a quien viole los valores en los que ésta se funda, como el respeto a la dignidad y los derechos humanos, incluyendo de las minorías. ¿Algo exagerado? Seguramente, pero muestra la desazón europea para tratar de manera demasiado generosa a quien solo pensó en sí mismo y terminó dándoles un puntapié.

mp@proa.structura.com.mx

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