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A la intemperie

Resultados electorales: primeras reflexiones

Marco Provencio

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La sabiduría convencional decía que la diferencia en esta elección, la que ya podemos catalogar como “histórica” sin temerle al adjetivo, iba a ser resultado del voto joven, de los millennials. Al igual que en varios países de Occidente, donde las tendencias del voto son claramente desiguales según de qué generación se trate, se argumentaba que también aquí habría un voto diferenciado según el grupo de edad de los votantes.

Las distintas explicaciones utilizadas para argumentar que el voto millennial haría presidente a Anaya o a López Obrador sonaban razonables: supuestamente aquel conectaría más con los jóvenes por su misma edad y apariencia, su familiaridad con la tecnología o sus palomazos con Juan Zepeda. Por otra parte, aquel otro, argumentaban unos más, sería quien aglutinaría el voto de los menores de 34 años, pues estos querrían un cambio y el ahora ganador se apropió de esa bandera cuando menos desde el primer día de este sexenio, sino es que desde hace… ¿12, 18 años?

Ahora, el interesante trabajo de Alejandro Moreno para El Financiero, en el que presenta los resultados de 3 mil 670 encuestas de salida, deja ver muchos detalles importantes que se esconden en las cifras agregadas. Resulta que entre los votantes de AMLO no hay gran diferencia según su grupo de edad: le favoreció 56 por ciento de aquellos entre 18 y 24 años y 52% de los mayores de 55 años, con porcentajes similares para todos los demás grupos de edad (a diferencia de Meade, por ejemplo, quien recibió solo 11% de los votos del grupo más joven pero 23% de los que rondan o están ya en la tercera edad).

Claro que los jóvenes no vivieron las sucesivas devaluaciones de fin de sexenio que nos asaltaron en 76, 82, 87, 94. Por lo visto, los mayores de edad se olvidaron de ellas o no se fueron con la finta de que la coalición ganadora las traería de regreso. A los jóvenes tampoco les tocó vivir épocas en que eran preciadas y escasas muchas de las libertades que hoy en día se dan por sentadas. Por lo visto, los mayores de edad han considerado que se trata de conquistas irreversibles que no podrán estar en riesgo pase lo que pase.

Lo interesante pues es que el apoyo al ganador ha sido claramente intergeneracional, sin que se hayan manifestado los agudos conflictos que se dan en muchos países de Occidente entre jóvenes y mayores: estos disfrutando de los resultados del estado de bienestar creado al término de la guerra, y aquellos padeciendo las implicaciones de una economía que no crea empleos suficientes, pero sí genera una desigualdad creciente en un entorno de injusticia social ante los problemas del mundo de hoy. Vaya, esta parece ser otra buena noticia para el ganador: no tener que diseñar un nuevo marco de políticas públicas en función de conflictos entre generaciones.

mp@proa.structura.com.mx

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