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Viernes , 19.10.2018 / 08:36 Hoy

A la intemperie

¿Por qué no crece México?

Marco Provencio

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De tiempo atrás y más aún a partir del año 2001, pese a las promesas de 7 por ciento de crecimiento económico y de los 15 minutos para resolver problemas ancestrales, no entendemos por qué no crecemos lo suficiente. ¿Cómo es que otros, aparentemente con menores recursos y potencial, tienen más éxito que nosotros? Si incluso en el año y medio de éxito del actual gobierno el crecimiento fue más bien raquítico, ¿qué pasa que seguimos sin crecer lo suficiente?

Los economistas hablan de la productividad de los factores de producción o de la debilidad del mercado interno. Hablan de un sistema fiscal plagado de exenciones, que se recarga demasiado en pocas personas, o de la ausencia de competencia. Los abogados retoman la expresión de un reconocido economista, quien señala tal vez con algo de redundancia, pero con mucha precisión que las tres prioridades de México para crecer son el estado de derecho, el estado de derecho y el estado de derecho (Zedillo dixit). A su vez, los sociólogos hablan de la insuficiencia de capital humano y de barreras a la movilidad social, mientras que los intelectuales subrayan la disparidad del ingreso o la tolerancia hacia la corrupción y la impunidad, cuando menos hasta ahora.

En realidad, qué está detrás de la falta de crecimiento y qué tan importante es cada factor que incide en ello es acaso más complejo que los temas ante la PGR. Pero como cualquier otra, mi tía Cleta no se hace bolas y dice que no se necesita ir a la universidad para tener la respuesta. “Nomás abre el periódico; ahí está todo”.

Ahí está la desmesurada corrupción de quienes usan un cargo público como si fuera patrimonio propio para emplear a toda su familia, o canonjía para extorsionar a quien se pueda; ahí la constancia de que abundan los hermanos supuestamente incómodos para unos, aunque muy cómodos para otros, los Mr. Ten Percent; ahí también las historias de quienes tiempo atrás aprovechaban beneficios indebidos de un cargo público para hacerse luego de algún rancho en el país, mientras que ahora se prefiere tener depas o depósitos del otro lado de la frontera.

Ahí también el contingente de quienes se dicen a sí mismos “maestros”, exigiendo el derecho a cobrar no solo por no hacer nada sino peor aún, sacrificando el futuro del país en la persona de los estudiantes de su estado. Ahí también la incontinencia de los medios, el rechazo a la competencia, la triste y dura realidad de un país que se rehúsa a cambiar.

No hay que darle tanta vuelta a la vuelta. La ausencia de crecimiento económico es hecha en casa. Mientras el país no se decida a dar el salto hacia el futuro, seguirá amarrado a un pasado que lo lastra y aprisiona.

mp@proa.structura.com.mx

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