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Jueves , 20.09.2018 / 23:37 Hoy

A la intemperie

Los grandes iniciados

Marco Provencio

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Tiempo atrás, uno de los libros que como por arte de magia salían del estante para leerse o releerse en estos días era el de Los grandes iniciados, de Édouard Schuré, el gran esoterista francés del siglo XIX. La obra buscaba tender un puente entre "la ciencia sin esperanza y la religión sin prueba", enfrentadas ambas en una batalla sin fin, sin sentido y por ende sin resultado alguno. Para quienes no tenían el don de la fe ni la certeza de la razón, el repaso de alguna de las diez biografías de quienes Schuré consideraba como centros de gravedad de la filosofía y la religión era una forma de paliar las dudas propias de la época.

Los capítulos de la obra hablan de Rama, encarnación del dios Visnú y quien libera a India de los demonios que le corroían; de Krishna, para unos otra encarnación más de Visnú y para otros la forma principal de dios; de Hermes Trismegisto, supuesto sabio egipcio que creó la alquimia y anunció la llegada del cristianismo; de Moisés, hebreo que creció como príncipe egipcio para convertirse en el profeta más importante del judaísmo; de Orfeo, padre de los cantos y parte central de la mitología griega relacionado con la agricultura, la medicina y la escritura; de Pitágoras, el primer matemático puro y cuya doctrina creó las bases de la filosofía racional de occidente; de Platón y su influencia como padre de la filosofía; de Zoroastro y el inicio del monoteísmo; de Buda, nombre honorífico para quien ha logrado la iluminación espiritual; y de Jesús de Nazareth, de quien no deja de ser un milagro, literalmente, que, fuera de lo que narra el nuevo testamento, conozcamos algo de su vida.

Para Schuré, todos ellos, vaya, aceptando la existencia de Orfeo y de otros tantos, poseían una habilidad extraordinaria para utilizar símbolos de difícil acceso, secretos o conocimientos complejos para entender al mundo desde una perspectiva diferente a la de los hombres comunes. Por tanto, podían administrar la enseñanza de sus enormes conocimientos, en particular de las "verdades trascendentes", las que hablan de la unidad, la verdad, la belleza y la bondad, a diferencia de los "saberes ignorantes... los de orden inferior que se quedan en el saber de la realidad más baja...".

¿Filosofía inaplicable en nuestros días? Bueno, depende. Sí hay quien utiliza símbolos complejos para comunicarse con sus seguidores, al tiempo que parecen ser símbolos de imposible acceso para otros, mientras que otros más pueden tener conocimientos complejos para entender el mundo actual sin que puedan transmitirlos al hombre común.

"Hoy" (decía Schuré hace casi siglo y medio) "ni la Iglesia aprisionada en su dogma ni la ciencia encerrada en la materia saben hacer hombres completos...". Por lo visto, algunas cosas ni cambian ni mejoran, simplemente continúan.

mp@proa.structura.com.mx

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