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Viernes , 22.06.2018 / 11:05 Hoy

A la intemperie

Lo que antes veíamos por la tele

Marco Provencio

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En agradecimiento y memoria de don Fernando Solana.

Había una época en que los días de esta semana que transcurre se asociaban inevitablemente al maratón de películas sobre la vida y resurrección de Jesucristo. Algunas fueron grandes obras cinematográficas. Otras no tanto, pero todas tenían cierto magnetismo que lo sentaban a uno de manera inevitable y a veces interminable alrededor de la tele.

Aquellas películas glorificaban la vida de un hombre que, en palabras de Gandhi, siendo totalmente inocente ofreció su vida por el bien de los demás, incluyendo el de sus ejecutores, con lo que rescató al mundo a través de un acto perfecto. Ya lo decía ayer Carlos Tello en esta misma línea al citar a Denis de Rougemont: "la perfección del amor es morir por amor".

En esos lejanos años, cualquiera veía por enésima vez a Charlton Heston como Judá en Ben-Hur o Moisés en Los diez mandamientos. A Robert Taylor como el cónsul romano Marco Vinicio en Quo vadis?, o a Richard Burton siendo el tribuno Marcelo Gallio en El manto sagrado. Por alguna razón, la película que me perseguía y quitaba el sueño era la de Barrabás, en la que Anthony Quinn personifica al criminal supuestamente liberado por Poncio Pilatos a petición del pueblo judío para asegurar así la crucifixión de Cristo. El perdonado por la supuesta tradición de Pascua nunca más podría liberarse de la imagen de Jesús y de lo que el intercambio de su vida por la suya significaría para la humanidad.

Años después de aquellas historias épicas de Hollywood con las que uno se desayunaba, comía y cenaba en estas fechas, vinieron otras ya fuera de mayor calado artístico, como el Jesús de Nazareth de Franco Zeffirelli, o de mayor libertad creativa, como Jesucristo Superestrella, con la inigualable música de Andrew Lloyd Webber. Algunas otras no tenían motivos religiosos emanados de la Biblia y se dedicaban más bien a construir paralelismos diversos entre la Cristiandad y el resto del mundo, como Espartaco, en la que Kirk Douglas personifica al famoso esclavo como un Cristo metafórico, o El Egipcio, donde Edmund Purdom actúa como Sinuhé en un paralelismo entre el breve periodo de monoteísmo egipcio y el Cristianismo, 14 siglos antes de la era cristiana.

Total que durante largos años que en perspectiva siempre pasan como ráfaga, aquellas eran las imágenes que nos rodeaban en estas fechas. Impensable que las atracciones televisivas fueran el Tri y la eliminatoria futbolística, o los efectos del terrorismo islámico, o la campaña más visceral en la historia en pos de la presidencia norteamericana. Desde otro ángulo, impensable también la imagen de un presidente norteamericano y de color en Cuba. Eran otros tiempos, pero estos son los de hoy y, por ende, los que cuentan.

Con la colaboración de la familia Brown

mp@proa.structura.com.mx

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