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Viernes , 22.06.2018 / 19:21 Hoy

A la intemperie

La verdadera industria de la protesta

Marco Provencio

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Con precisión de relojero, MILENIO ha venido documentando día a día la historia de tropelías que, en nombre de una educación pública, gratuita y laica, venía llevando a cabo la sección 22 de la disidencia magisterial en Oaxaca. El recuento de lo que ahora sabemos, más los volúmenes que se podrían escribir con todo lo que desconocemos (Cleta dixit), pone de relieve la importancia de reestructurar, finalmente, la institución responsable de la educación pública en el estado.

Los abusos constan no en la sección de opinión, donde no dejarían de ser eso, una opinión, sino ahí donde la información debe ser pura y dura. Así, sabemos de pagos desorbitantes a los líderes no por sus dotes pedagógicas, sino por su “tarea política”. Y no porque los maestros no debieran percibir sueldos mucho mayores, que debieran, sino porque la brecha de ingresos y de usos y costumbres entre la base y la cúpula de la pirámide nos habla de un sistema caciquil como el que más.

Varios cientos de directivos con doble y triple plaza, y remuneración claro está, sin presencia en el aula. Un par de cientos de demandas ante la Procuraduría General de Justicia de la entidad contra miembros del magisterio por delitos como homicidio o pederastia sin atender. Cómo iban a serlo, si la Fiscalía Especial de Investigación de Asuntos Magisteriales estaba integrada por miembros, en efecto, de la 22. Tabulador para controlar la asistencia a marchas, bloqueos y plantones, mismo que se usaba para determinar desde ascensos hasta vacaciones. Y lo peor, el condicionamiento a los padres de los estudiantes para sumarse a las manifestaciones so pena de no recibir la confirmación de asistencia escolar que permite recibir apoyos federales. Y pensar que hay quien rechaza que ésta sea una “industria de la protesta” (pocas veces tan certero el término como ahora).

En una época en la que la confianza en las instituciones cae a niveles preocupantemente bajos (Reforma, agosto 4), el reto del nuevo Ieepo no es menor. Tiene que actuar con valor y transparencia si no quiere contagiarse del virus de escepticismo que nos corroe.

La educación en Oaxaca, así como en todo el país, debe ser, en efecto, pública, gratuita, para quien lo necesite, y laica. Pero debe ser también de calidad. Debe ser liberadora, y proporcionar al estudiante los elementos para que aprenda a pensar por sí mismo y no a repetir las mantras ni de éstos ni de aquéllos. Sin una educación de calidad, la añeja pretensión de alcanzar cobertura universal en materia educativa corre el riesgo de generar demasiadas expectativas a su alrededor pero sin el sustento necesario en su centro, lo que hacia adelante genera frustración y resentimiento.

mp@proa.structura.com.mx

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