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Viernes , 17.08.2018 / 14:47 Hoy

La cancioncita

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Allá en 1982, Rusca, mi madre, fue designada presidenta de casilla en la elección federal. Era el tipo de suerte que hubiera deseado para mí, por lo que no tardó en pedirme que la acompañara todo el día como "su asistente personal". Habría de traer las tortas, conseguir un café caliente o apoyar en lo que fuera.

La casilla fue ubicada en el hogar para ancianos Arturo Mundet. A la fecha, este lleva el nombre de su generoso donador, el magnate del corcho de origen catalán que se asentó en la capital a inicios del siglo pasado. Parecía lógico ubicar el lugar de votación en un espacio que facilitara a sus inquilinos ejercer su derecho.

Pero el nuestro es un país en el que lo lógico no siempre es práctico, por lo que había un problema: las mesas de registro, el material electoral y las mismas urnas se ubicaban en un salón al cual se llegaba tras subir unos 10 o 12 escalones. Así, mientras en ese primer domingo de julio de 1982 Jimmy Connors vencía en cinco sets a John McEnroe en una histórica final de Wimbledon, los viejitos se amontonaban para protestar al pie de las escaleras: la gran mayoría no podía subir.

Eran los tiempos en que alguien podía ejercer su autoridad sin más miramiento que al sentido común y de la justicia, por lo que, pese a las protestas de los representantes de casilla del PSUM y del PMT, la presidenta me instruyó a que, una vez que algún escrutador revisara la validez de la identificación del votante, bajara con la boleta, el crayón y dejara que el elector manifestara su voto como quisiera.

Muchos no sabían leer, otros ya no podían ver, otros tantos más no entendían bien a bien qué sucedía ahí. Varios de ellos me pidieron que tomara el crayón y cruzara el signo que me indicaran. La pregunta era obvia: "Bueno, ¿y por quién quiere votar?". La respuesta se repitió muchas veces: "Por el de la cancioncita". En efecto, por esas fechas la radio repetía un jingle muy pegajoso... "¡de-fren-te-con-De-la-Ma-drid-para-pre-si-den-teee!". No creo que ello hubiera sido el factor clave para que quien fuera gran presidente haya obtenido 70.99 por ciento de la votación total del país, ni la tonadita ni la generosidad de la presidenta de casilla, pero es claro que, ante el torrente mediático de una elección, lo sencillo es más convincente que todo lo demás.

Ahora el TEPJF ha obrado de manera impecable al prohibir el uso de menores de edad como recurso propagandístico en las campañas electorales. Que los aspirantes quieran transmitir una noción de futuro rodeándose de niños es una cosa, que el niño Yuawi aparezca solicitando el voto es otra. Ello no impedirá que se escuche lo pegajoso de su tonada ni lo profundo de su mensaje... na-na-na-na-na-na.

mp@proa.structura.com.mx

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