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Lunes , 20.08.2018 / 02:35 Hoy

A la intemperie

En efecto, el país de los héroes solidarios

Marco Provencio

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No fue ayer sino hace casi un año, ya que Aguilar Camín publicó en estas páginas un artículo de nombre "El país de los héroes solidarios" (https://goo.gl/sGssQh). Era en el contexto de la decisión del Senado para otorgar la medalla Belisario Domínguez, reconocimiento mediante el cual se honra a los ciudadanos más eminentes. El galardonado fue Gonzalo Rivas, aquel héroe de la gasolinera en Chilpancingo que sacrificó su vida al salvar la de varias decenas de personas, la de los causantes de su muerte y otros delincuentes entre ellas.

Como si hubiera sido escrito ayer, es aún más evidente que nuestro país cuenta con una fibra moral enormemente generosa, resistente y solidaria en buena parte de la sociedad. La tiene tanto en individuos como en agrupaciones, instituciones del Estado o empresas privadas, sean grandes o medianas o pequeñas. Cuenta con un cúmulo de héroes anónimos que día a día le cargan sobre sus hombros. Son organizaciones y hombres y mujeres ordinarios como cualquier otro, quienes al sentirse y saberse necesarios son capaces de hacer cosas extraordinarias. No buscan reconocimiento, sino tal vez dar cauce a un sentido íntimo de humanidad. No buscan satisfacción, sino tal vez asirse a y hacerse de sus propias circunstancias. Tal vez buscan la forma de dar gracias porque están en situación de apoyar en vez de necesitar apoyo.

Estamos teniendo el privilegio de constatar por todos lados que el país se sostiene sobre un gran ejército de héroes solidarios. Unos lo son mediante pequeñas tareas habituales del día a día, otros a través de responder a una llamada de auxilio, otros más al entregarse a una causa en la que una vida salvada justifica las de todos los demás. Mayor es la esperanza al ser los jóvenes quienes más se han crecido al reto, quienes más han asumido su responsabilidad. Serán algo apáticos o incrédulos políticamente, pero se han ofrecido a la ciudad y ésta es hoy más suya que nunca. Al hacerlo han sacudido la conciencia de un país abrumado, más que por sus desastres naturales o su pobreza, que no son pocos ni es menor, por sus injusticias, por su carencia de Estado de derecho, por la distribución inequitativa de oportunidades y de recursos mínimos con los cuales los más necesitados puedan abrirse paso en la vida. Sobre todo, un país abrumado por la corrupción y la impunidad que han campeado por doquier a niveles intolerables.

No podemos ni debemos negar que nuestro universo de héroes cotidianos tiene su buen contraste de antihéroes: los que solo lucran con el miedo o la desgracia de otros. Pero cuando menos hoy, hoy hay que poner el acento en donde se debe, en la esperanza que tiene nuestro país si la energía positiva que ha resurgido se mantiene, aprovecha y multiplica.

mp@proa.structura.com.mx

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