• Regístrate
Estás leyendo: “¡Eeehhh…!”
Comparte esta noticia
Lunes , 28.05.2018 / 01:02 Hoy

A la intemperie

“¡Eeehhh…!”

Marco Provencio

Publicidad
Publicidad

Si, como dice el clásico, la primera víctima en la guerra es la verdad, en la crisis existencial por la que transita nuestro país la primera víctima viene siendo el lenguaje. Aquella parecerá exagerada, pero no lo es mucho: las preguntas existenciales básicas que se hace una persona nos caen hoy como anillo al dedo dada nuestra asombrosa facilidad de dudar de nosotros mismos y cuestionar lo que hacemos como sociedad (últimamente con razones de bastante peso para ello, hay que decirlo). Veamos.

"¿Qué hago yo / el país en este mundo?" "¿Por qué nunca soy / somos felices?" "¿Por qué nunca hago / hacemos las cosas bien?" Y acaso la más cruel de todas... "¿De qué sirve la vida si todos vamos a morir / de qué sirve hacer las cosas bien si la corrupción e impunidad están por doquier?". Así las cosas, salvo honrosas excepciones, el reciente VII Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Puerto Rico (ahí donde dicen defender el español frente al inglés como un hecho político) fue cubierto por nuestra prensa como si se tratara de una reunión de expertos sobre yaks. El lenguaje será el mayor signo de nuestra condición humana, decía Octavio Paz, pero "la gran cita del idioma español" nos fue tan lejana y ajena como nos son aquellos rumiantes de largo pelambre que habitan el Tíbet.

El lenguaje que usamos es uno de los reflejos más fieles de nosotros mismos. El vergonzoso y discriminatorio grito de "Eeehhh... ¡puto!" con el que nos regodeamos en los estadios no es sino reflejo de uno de los mayores retos que tenemos: la consideración al otro. Por eso, más que por la nueva sanción que eventualmente la FIFA le aplicará al balompié nacional, es deseable que dicha expresión quede atrás, aunque sea casi misión imposible. Decía el autor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez en la reciente CILE, famoso él por su escritura pícara, y para algunos vulgar, que no conoce país donde se hable el español con más ordinariez que México. Y eso que seguramente no conoce la encuesta que Consulta Mitofsky levantó en 2009 sobre el mexicano y las groserías (http://goo.gl/7eouSpen). Para muestra un botón: solo uno de cada 10 mexicanos dice no necesitar groserías para comunicarse; decimos más de mil 350 millones de malas palabras diarias y no son las personas de menores ingresos los más asiduos, sino al contrario.

Estamos a tres semanas del 400 aniversario luctuoso de Cervantes. Acaso tan solo por eso podríamos hacer un esfuerzo ligeramente mayor para preocuparnos y ocuparnos del lenguaje. Iniciar en los estadios sería simplemente una forma de reconocer que ese espacio común que es de todos, el lenguaje, requiere de mejores cuidados que los que le hemos otorgado recientemente.

mp@proa.structura.com.mx

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.