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Miércoles , 17.10.2018 / 00:53 Hoy

A la intemperie

De comparaciones tan odiosas como necesarias

Marco Provencio

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Hace unos días, el título de la nota era atrayente: "Una sociedad menos enfadada". Hablaba de la recuperación de la confianza en las instituciones. De cómo aquellas mejor evaluadas son las que han sostenido a la sociedad en los años de dificultad económica. Quienes tienen un balance más favorable entre aprobación y desaprobación son los médicos en instituciones públicas, los investigadores científicos, las pequeñas y medianas empresas, los maestros y las organizaciones no gubernamentales. La nota en cuestión hablaba de España (El País, agosto 31, pág. 20).

Acá, en años recientes no hemos sufrido una recesión económica como la española, pero estamos teniendo nuestra propia gran depresión del ánimo social y las expectativas (ver GEA-ISA en www.structura.com.mx/gea); no hemos tenido los escándalos de la familia real de allá, pero seguimos sin superar las razones que argumentan que no hay problema con los escándalos reales de acá; no tenemos un movimiento independentista como el catalán, pero tenemos un movimiento antisistémico con quien lleva 21 años en campaña (desde que quemaba pozos petroleros) y sigue viviendo del erario tanto en su ingreso como en la promoción de su figura.

Las comparaciones son odiosas, cierto. Son también la muerte de la felicidad, como decía Twain. ¡Ah! Pero cómo son necesarias en ocasiones. Acá no tenemos que lidiar directamente con una crisis humanitaria como la de los asilados sirios, pero tenemos una crisis permanente, aunque de menor intensidad con los migrantes centroamericanos; acá no tenemos el enorme desempleo abierto de 22 por ciento de la población, mismo que sube al doble entre los jóvenes, pero nuestra juventud ha perdido la sensación de futuro y es cada vez más presa de la ley del menor esfuerzo, pero de la mayor exigencia ante todo. Cierto, solo allá le silban al jefe de Estado en la final del torneo de futbol que lleva su nombre, lo que acá no sucede, pues mejor inauguramos estadios vacíos 24 horas antes de que la pelota empiece a rodar.

Cuánta vida gana quien no se detiene a ver qué anda pensando, haciendo o diciendo el vecino y simplemente se dedica a lo suyo, dice Marco Aurelio en sus Meditaciones. Cierto, pero como no podemos saber qué tan bien o mal estamos si no es en comparación a alguien más, también vale decir que aunque en España la confianza institucional regresa, las tres instituciones peor vistas siguen siendo los políticos (y eso que tendrán elecciones presidenciales a fin de año), los bancos (y eso que el crédito vuelve a recuperarse) y los partidos políticos (y eso que contienden dos fuerzas nuevas, como son Ciudadanos y Podemos). Será que hay retos que en todos lados siguen siendo los mismos, aunque sean diferentes.

mp@proa.structura.com.mx

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