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A la intemperie

De árboles

Marco Provencio

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Llegan las vacaciones y el arbolado de Ciudad de México debe ponerse a temblar, sobre todo el de una de las avenidas principales, Insurgentes.

Apenas el 21 de diciembre varios árboles de gran tamaño ubicados frente a una concesionaria de autos Audi fueron derribados. La tala se hizo a plena luz del día y al parecer con la autorización de la Secretaría del Medio Ambiente. Todo indica que se buscaba abrir el espacio para que las instalaciones de la concesionaria fueran mejor vistas por los transeúntes y que el arbolado estaba “dentro de su predio”. Claro que árbol talado nunca se levanta, pero aún así de nada sirvió la protesta ciudadana para que cuando menos el caso se aclarara.

Ahora, en plena Semana Santa, por un lado se talan 54 grandes árboles dentro del predio que ocupa el Polyforum Cultural Siqueiros. La misma Secretaría indica que ello fue autorizado a cambio de una “restitución física de 267 árboles al Vivero Nezahualcóyotl, así como el trasplante de 135 árboles”. El problema, como siempre, es que las imágenes de los árboles talados son muchas y cruentas, y no hay una sola ni de los árboles restituidos ni de los trasplantados o por trasplantar. Así, permanece una sensación de incredulidad, de engaño y de impunidad.

Por otro lado, en las mismas fechas aunque ahora de madrugada, un grupo de vándalos destazó a machetazo limpio varios árboles ubicados en la misma avenida. ¿La causa? Imposible determinar. Ni la taquería El Gallito ni el antro Maxine ni la concesionaria BMW pueden dar razón de lo sucedido. Y como alguien afortunadamente ha presentado una denuncia por ecocidio, sobre la banqueta y el camellón permanece la evidencia del crimen: cientos de ramas de eucaliptos rojos, fresnos y truenos masacrados.

En cualquier ciudad, el trato que se da al arbolado refleja mucho de la calidad en la convivencia y urbanidad de los habitantes. La capital tiene la fortuna de ser y estar enormemente arbolada, pero mientras los ciudadanos atestiguamos con enojo la tala de árboles, la autoridad no parece preocuparse ni por derribar árboles a todas luces muertos por el peligro que significan, ni por combatir la plaga del muérdago, que según la Conafor afecta a una quinta parte de todos los árboles de la ciudad.

Ahora que un elevador de pluma telescópica del cuerpo de bomberos fue puesto al servicio de la captura de un mono capuchino que escapó en una zona residencial de la ciudad, ¿no sería posible que la Secretaría del Medio Ambiente hiciera un convenio con la CFE, con los Bomberos, con quien tenga dichas máquinas, para liberar del muérdago que asfixia y pone en peligro de muerte a cientos de miles de árboles? Si constara que se hace algo por salvar árboles infectados o derribar aquellos ya muertos, habría cierta tolerancia para cuando haya árboles que talar.

mp@proa.structura.com.mx

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