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Martes , 18.09.2018 / 11:44 Hoy

A la intemperie

1980 y 36 años después

Marco Provencio

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Cuando en 1980 Ronald Reagan obtuvo la candidatura republicana a la presidencia de Estados Unidos, en el Partido Demócrata sonrieron. Creían que no había manera para que un actor de segundo nivel en Hollywood ocupara el cargo más importante del país. Y eso que Reagan había sido gobernador de California por ocho años y que en 1976 se había quedado a 59 delegados (de un total de 2 mil 300) de obtener la candidatura sobre el entonces presidente Ford.

Cuando en junio de 2015 Donald Trump anunció su candidatura dentro del Partido Republicano, nadie en el establishment le dio la menor probabilidad de éxito. No había manera en la que un individuo sin experiencia política y con mala fama pudiera concitar el favor del electorado, ni siquiera el de su propio partido. Menos aún cuando en los primeros dos minutos de su discurso inicial ya había ofendido a China, a Japón y en particular a México. Mucho se ha dicho de la caracterización de nosotros como un país que "les envía drogas, violadores y criminales...". A ello habría que añadir su sentencia de que "México no es nuestro amigo. Créanme".

De entonces a la fecha han pasado nueve largos meses. Todo indica que Trump obtendrá la candidatura a la presidencia por el Partido Republicano, en buena medida por el conflicto creciente entre la hiperglobalización de la economía y la pérdida de sentido y de cohesión social en grandes grupos de la población. Estados Unidos tiene un desempleo abierto por debajo de 5%, pero muchos se sienten y en efecto están excluidos de la prosperidad que el país en su conjunto viene alcanzando.

El presidente Obama y otros líderes estadunidenses creen que Trump no será electo en noviembre. Tienen fe en la supuesta madurez del electorado, el que por tanto evaluará correctamente a los aspirantes y reconocerá, más allá de líneas partidistas y del daño que la campaña ya ha generado, lo que será conveniente para Estados Unidos. Puede ser.

Sin embargo, no está de más recordar que pocas semanas antes de la elección de 1980, las encuestas daban ventaja al presidente Carter. La de Gallup del 26 de octubre le daba 47% de intención de voto, versus 39% de Reagan. Dos días después, tras el único debate que sostuvieron los candidatos, las dotes histriónicas del actor lograron que borrara el mayor déficit en la historia de las encuestas de Gallup desde su inicio en 1936. Tan solo 10 días después, Reagan obtuvo 50% del voto popular versus 41% de Carter. Trump también es un actor. Y sabe lo que la audiencia quiere oír, por lo que adecuará su mensaje, aunque poco o nada de lo que proponga sea realizable. El mundo es cada vez más complejo, el populismo más contagioso y la insensatez más abundante. Vienen tiempos difíciles.

mp@proa.structura.com.mx

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