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Lunes , 18.06.2018 / 13:15 Hoy

Fortuna y poder

2017-09-12

Marco Antonio Mares

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De cara a la sucesión presidencial vale la pena reflexionar sobre el comportamiento de la economía mexicana. ¿Vamos bien o vamos mal? en términos económicos.

La respuesta depende de quién la conteste. Si esta pregunta se hiciera al público en general, muy probablemente un número mayoritario diría que estamos mal o muy mal.

El pesimismo, en buena parte de la sociedad mexicana, se ha convertido en una especie de deporte nacional.

A la misma pregunta el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, dice que la economía mexicana muestra fortaleza y resistencia frente a choques externos adversos y que las reformas económicas ya están registrando flujos multimillonarios de inversiones internacionales.

Entre los banqueros, la respuesta mayoritaria es que la economía mexicana está permitiendo que la banca registre uno de los periodos más positivos y rentables para esa industria.

Lo han dicho el ex presidente de la ABM, Luis Robles Miaja, y el actual dirigente de los banqueros, Marcos Martínez.

El más radical de los candidatos a la Presidencia de la República, Andrés Manuel, López Obrador, no solo asegura que la economía mexicana está mal, sino que incluso reprueba el modelo económico y promete revertir las reformas económicas.

Si se toma en consideración la perspectiva entre dos de los aspirantes a la Presidencia de la República: Meade, quien sin haber sido ungido todavía, parece uno de los que mayor potencialidad tiene para convertirse en candidato, y López Obrador, tendríamos dos alternativas de modelo económico.

Meade representa el modelo económico de la continuidad y López Obrador representa el modelo económico que ya se probó y fracasó en el pasado en México.

Si atendemos las cifras oficiales, a pesar de que en este sexenio la economía registrará una tasa de crecimiento de 2 por ciento del PIB, en promedio, el empleo está creciendo a tasas históricas, la pobreza ha disminuido, la estabilidad macroeconómica se ha fortalecido, las reservas internacionales están en niveles récord, las inversiones anunciadas por las reformas en los sectores energético y telecomunicaciones son extraordinarias, la recaudación tributaria ha paliado la vertical caída en los precios internacionales del petróleo y la caída en su producción, las agencias calificadoras han revisado al alza sus perspectivas sobre la calificación de la deuda soberana de México.

No hay crisis, tampoco bonanza, pero sí hay muchos indicadores positivos y sobre todo potencialidad. El camino trazado hasta ahora ha costado mucho sacrificio como para cambiarlo por algo que ya falló. Y si no al tiempo.

marcomaresg@gmail.com
Twitter: @marco_mares

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