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Lunes , 24.09.2018 / 12:46 Hoy

Cuestión Política

PRI podría librar el desprestigio

Marco Antonio García Granados

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El desprestigio que enfrentan los gobernantes del PRI, y que se ha reflejado en la baja en las preferencias de la ciudadanía en ese partido político, podría revertirse en los próximos tiempos siempre y cuando el presidente Enrique Peña Nieto decida encarcelar por malversación de fondos a los mandatarios emanados de esa Institución.

Los latrocinios cometidos por quienes han fungido como jefes de los ejecutivos estatales, no solo ahora sino desde hace varias décadas, han colmado a los sectores de la población y con lo cual el elector ha preferido ejercer su voto con otras opciones distintas al PRI en los últimos 15 años. De ahí los triunfos obtenidos por Acción Nacional en los sexenios 2000 y 2006, por medio de Vicente Fox y Felipe Calderón, respectivamente.

Los recientes gobiernos de Javier Duarte, de Veracruz; de Roberto Borge, en Quintana Roo y el de Duarte Jáquez, de Chihuahua, han significado la punta de lanza de esos esquemas corruptos que la población no está dispuesta más a tolerar e incluso, ya se preparan para los próximos meses, acciones contundentes de carácter legal y político en contra de esos gobernantes referidos.

Si bien es cierto que el Revolucionario Institucional enfrenta una de sus más grave crisis de credibilidad de los últimos años, merced a los errores cometidos por Enrique Peña como jefe máximo de los tricolores así como las complacencias y el salvamento lanzado por el Estado al exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, la realidad apunta a que el priismo sucumbirá en la elección de 2018.

No es posible que los yerros cometidos por Peña Nieto y sus supuestos aliados se salieran de control, luego de que tras el triunfo del mandatario de la nación en el 2012, todo vislumbraba para que el PRI obtuviera su recuperación tras la pérdida de la máxima silla de la nación en esa jornada histórica, donde en apariencia el partido hegemónico volvía por otros 70 años de gobierno.

Sin embargo, la sobreprotección ejercida desde Palacio Nacional y por los principales operadores políticos de Peña Nieto a sus supuestos afiliados no fueron definitorios por lo que los gobernantes en turno persistieron en violentar el estado de derecho y saquearon sin rubor, las arcas públicas de cada uno de los estados donde los priistas fueron el poder mediático.

De ahí que Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Puebla y hasta Guerrero, se perdieran para el tricolor cuando parecía que retomarían el rumbo de la anterior docena de años perdidos y en donde los considerados virreyes de la política –los gobernantes estatales- hicieron y deshicieron a su antojo y sin que entonces fueran limitados o frenados por el presidente de la República en turno, como ocurría en el pasado reciente.

De no dar un golpe de timón a tiempo que establezca en realidad el nuevo derrotero del partido en el poder, Enrique Peña Nieto y sus supuestos aliados, perderán los comicios del 2018, ya que aún está a tiempo de encarcelar a sus correligionarios que se han robado hasta el papel higiénico y no obstante han sido santificados por el poder presidencial a costa de la tranquilidad del grueso de la población, que no cree más en los milagros partidistas.

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