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Cuestión Política

En Pemex se acabó la corrupción

Marco Antonio García Granados

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Si bien habrá de reconocerse la drástica medida de cerrar los ductos de suministro de las gasolinas que almacena Pemex para evitar más saqueos del crimen organizado, las consecuencias económicas podrían ser contraproducentes a las finanzas públicas y privadas en el mediano plazo, ya que no se midió a toda su potencia la adopción de esa fórmula que desenmascarará a los auténticos saqueadores de la paraestatal.

Quizá Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, previó el espectacular golpe que iba a dar; empero, no vislumbró ese Plan B que le hubiera redituado el reconocimiento de sus enemigos y adversarios políticos, con lo cual a partir del pasado lunes cuando se asestó el manotazo a los “jefes de la mafia”, otro sería el resultado en estos momentos.

Sin embargo, la actitud que adoptó el mandatario de la nación causó revuelo a nivel nacional, tanto por el cierre de las válvulas de gasolina como por la carencia en el suministro del vital combustible que utilizan tanto vehículos automotores como zonas fabriles.

Es probable que la medida de apariencia draconiana de esas que acostumbra a implantar el político tabasqueño, la imaginó a lo largo en su andar en busca de la presidencia de la República, pero al advertir que había perdido algunas acciones esenciales con las sociedad y sus adversarios políticos en el primer mes de su ejercicio sexenal, decidió cerrar los gasoductos de la otrora empresa de “todos los mexicanos” antes del plazo que se había impuesto.

Sin duda, con los cierres de los gasoductos, el presidente exhibirá a quienes se sintieron los dueños de la paraestatal durante más de 30 años –léase Carlos Romero Deschamps- líder del Sindicato Petrolero por designios del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.

López Obrador tendrá también que echarle el guante a la banda de criminales que al amparo de la policía federal y de algunos militares, robaron hasta la saciedad el patrimonio de la paraestatal, la que cuando éramos jóvenes fue casi adoptada por el gobierno federal para regocijo de los que saquearon a lo largo de más de cinco décadas a la empresa.

Así como se ha criticado a AMLO por las medidas que ha tomado para “salvaguardar la frágil paz nacional”, tendrán que cambiar los tiempos de desencuentro cuando se adopten formalidades que de verdad beneficien a la economía mexicana y se proteja el interés de los más de 130 millones de mexicanos.

Todo ello sin importar los riesgos a los que pueda orillarse por las acciones que se adopten para contrarrestar el escandaloso saqueo de gobernantes, funcionarios públicos y de los grupos allegados al poder que hicieron de México su paraíso terrenal aun a costa del empobrecimiento de las clases sociales con mayores apremios. _

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