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Domingo , 27.05.2018 / 00:59 Hoy

Torre Azul

Coahuila sigue

Marcelo Torres Cofiño

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En el PRI siguen aturdidos tras la derrota electoral de junio pasado. Jamás se imaginaron que la respuesta ciudadana a la corrupción, la ineficiencia gubernamental y la grosera impunidad, sería negarles el voto, lo que los condujo a perder siete gubernaturas en una sola jornada, algo que nunca había ocurrido. Supusieron que con sus redes clientelares les bastaría para sostenerse en el poder; que la vieja maquinaria los hacía invencibles; pero se equivocaron: México ya no es el mismo. La ciudadanía se ha dado cuenta que el poder está en sus manos y demostró que está dispuesta a hacer uso de su voto para castigar a quienes no cumplan dignamente con su mandato.

Sin embargo, del presidente Peña Nieto para abajo, los priistas dan muestras de no entender la lección. Al titular del Ejecutivo le resulta claramente incomprensible que tres de cada cuatro mexicanos reprueben su gestión. No se da cuenta que nadie es más culpable de su fracaso que él. Se queja de la difusión de malas noticias, sin aceptar que él y sus allegados han propiciado la debacle. Su descaro alcanza tal nivel, que incluso en los momentos en que se abre otro escándalo más por el departamento de la primera dama en Miami, sigue culpando a los demás por lo que ocurre.

¿Qué se puede decir del dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa? ¿No es acaso una burla para los ciudadanos escucharlo decir que está “cansado” de la corrupción? ¿Y por qué no, en lugar de hablar, comienza por cuestionar la posición que su partido ha asumido en relación a casos como el de Humberto Moreira, para no ir más lejos? En su confusión y su soberbia, la dirigencia priista es incapaz de reconocer que sus palabras ya no alcanzan. Que perdieron valor. Que son como cheques sin fondo ante el banco de la confianza ciudadana.

No son tontos. De alguna manera intuyen que el tiempo se les está terminando. Comienzan a ponerse nerviosos. Particularmente en el estado, es evidente que la excesiva confianza con la que algunos priistas se mostraban meses atrás, ahora ya no es la misma. Presienten que perderán la contienda en el 2017 y eso los inquieta.

Durango ha sido pieza clave en todo esto. Como aquí, también en el vecino estado el PRI se creía insuperable y, por eso, sus gobiernos eran cada vez peores. También allá, las acusaciones y señalamientos en torno al Gobernador y a su antecesor, eran por demás graves. Pero al igual que en otras seis entidades del país, la ciudadanía se pronunció en contra de los corruptos, demostrando que aún en los estados cuyo dominio priista ha sido hegemónico, su tiempo se les agotó.

Podemos decirlo con total convicción: Coahuila sigue.


tuiter:marcelotorresc

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