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Martes , 20.11.2018 / 10:48 Hoy

Mercados en perspectiva

Texcoco vs. Santa Lucía

Manuel Juan Somoza

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¿Alguien le habrá dicho al Presidente electo el efecto que tendría en los mercados financieros nacionales la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México?

Quisiera pensar que Alfonso Romo lo tendría muy claro y lo mismo el próximo secretario de Hacienda, así como seguramente muchos futuros funcionarios. Si estoy en lo correcto, ¿por qué el futuro Presidente desestimó los muchos argumentos sobre los efectos negativos que acarrearía esta decisión? También supongo que algunos otros lo alentaron, como el contratista Riobóo y el próximo secretario de comunicaciones y Transportes.

La verdad yo sigo sin entender los porqués, pero sí entiendo la bronca en la que nos están metiendo los mercados; en primer lugar la depreciación del peso con respecto al dólar —entre muchos factores negativos para nuestra economía—,  es un factor que desafortunadamente presionará hacia arriba la inflación que ya de por sí está  en niveles  altos. Lo anterior juega a favor de que Banco de México, al cuidar su encomienda de mantener la inflación bajo control y procurar que no se lesione el poder de compra de la población, tendrá seguramente que incrementar las tasas de interés, lo cual disminuye la capacidad de que nuestra economía crezca.

Además del tipo de cambio, las tasas de interés de mercado en todos sus plazos en tan solo tres días subieron sustancialmente encareciendo el crédito y haciéndolo más escaso; y por si eso fuera poco, los tenedores de bonos del gobierno, como las Afores, tendrán que enfrentar minusvalías enormes. Tan solo el rendimiento de los bonos gubernamentales a diez años de plazo subió en tres días más de 70 puntos base para llegar arriba de 9 por ciento; lo anterior significa que el precio de los mismos disminuyó fuertemente, ocasionando pérdidas a sus actuales tenedores. Por último, dos calificadoras
—HR Ratings y  Fitch—  pasaron de neutral a negativa la perspectiva de la deuda soberana del país, provocando depreciación del peso e incremento en la tasa de interés, lo cual elevará sustancialmente el  costo del servicio de la deuda.

Termino con una pregunta clave: ¿No había otra salida? Si los precios de las constructoras son abusivos, ¿no se pueden denunciar?, evidentemente con pruebas; si había otra sospecha de corrupción, ¿no era mejor atacar ese tema de frente?

Me parece que faltó voluntad para mantener este proyecto, y es una pena porque el NAIM prometía ser algo muy bueno y necesario  para México y los mexicanos de todos los niveles y clases sociales. No únicamente pierden los empresarios involucrados; con la cancelación, perdemos todos.

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