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La Silla

Nos faltan cuatro policías

Manuel Baeza

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Marcela Guadalupe, Eduardo, Roberto y José fueron asesinados ayer a tiros en Tonalá. Los nombres de estas cuatro personas se suman a la infame lista de hombres y mujeres que han perdido la vida en la zona metropolitana de Guadalajara en años recientes, y a un ritmo tristemente rápido.

Pero Marcela Guadalupe, Eduardo, Roberto y José eran policías en activo y murieron en el cumplimiento de su deber, lo que representa algo más grave aún, pues sin demeritar a cualquier víctima de homicidio, lo que demuestra el asesinato de los agentes es que los delincuentes han perdido todo el temor a ser detenidos.

Matar un policía, o matar a varios en un mismo suceso, no puede quedar como una simple anécdota. Si alzamos nuestra voz de indignación por cada muerto que sufrimos, debemos hacerlo igual por nuestros uniformados.

Podemos cuestionar a los cuerpos policiacos, pero debemos de ver en cada hombre y mujer policía a un hijo, hermano, padre, o pareja con sueños de trascender en el mundo; debemos ver en cada elemento caído a un ser humano cuya vida fue truncada de manera alevosa y cruel.

Debemos borrar de nuestra cabeza la idea de que los policías son simples piezas en un engrane burocrático, y que dichas piezas son simplemente reemplazables. Debemos borrar la idea de que los policías saben a lo que se enfrentan, y que asesinatos como el de ayer son simplemente gajes del oficio.

Pocas veces he necesitado la ayuda de la policía, pero cuando he requerido su presencia, siempre me han apoyado, sin preguntar quién soy. Por eso me duele saber de casos como el de ayer en Tonalá. Estoy seguro de que si algún día hubiera solicitado la ayuda de cualquiera de los cuatro caídos, me la hubieran brindado de inmediato.

Matar a una persona nos aniquila un poco como sociedad. Matar un policía mata también nuestro espíritu de comunidad. Y si algo necesitamos hoy es ver fortalecidas nuestra sociedad y a nuestra comunidad.

Marcela Guadalupe, Eduardo, Roberto y José harán mucha falta.

El banquillo


El show.- Gerardo Fernández Noroña lo volvió a hacer, y así lo seguirá haciendo durante los próximos tres años. Ayer, en su calidad de “representante del pueblo” quiso entrar al informe de Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional, pero se le negó el acceso por no estar en la lista de invitados. Y como el Estado Mayor Presidencial evitó que entrara, mágicamente apareció un micrófono y una bocina para que el diputado federal despotricara contra todo y contra todos.

Bien sabía Fernández Noroña que no entraría a Palacio Nacional. Por eso llevaba su equipo de sonido. Se trata de llamar la atención hacia su persona, no de trabajar en favor de la sociedad.


Ánimo.- Un abrazo al compañero Miguel Ángel Puértolas, de MILENIO LEÓN, quien se recupera de un problema de salud.


manuel.baeza@milenio.com

twitter @baezamanuel 

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