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Martes , 25.09.2018 / 18:37 Hoy

La Silla

Elecciones: nada está escrito

Manuel Baeza

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Una vez más hay que decir una verdad de Perogrullo: las elecciones son el 1 de julio, y todo lo demás es campaña electoral.

Mientras no se depositen los votos en las urnas, y luego sean contados por los ciudadanos en las mesas electorales, no sabremos quién ganará la elección a presidente de México.

No pretendo molestar a nadie, ni advertir de un presunto (y por demás inaceptable) fraude electoral. No. Lo que intento decir es que a un mes de la jornada electoral veo a la mayor parte de la sociedad discutiendo como si ya tuviéramos presidente electo, lo cual no es verdad.

A un mes de las votaciones, insisto, veo festejos anticipados en redes sociales, especulaciones sobre los integrantes del próximo gabinete federal, y críticas entre bandos contrarios como si ya todo estuviera consumado en materia de elecciones, pero veo poca serenidad al momento de hacer análisis sobre lo que viene.

Por supuesto que no soy ingenuo. Veo las encuestas de preferencia electoral y encuentro que en todas el puntero es Andrés Manuel López Obrador, lo cual indica una tendencia que puede convertirse en realidad. También percibo el ambiente electoral en conversaciones cara a cara, y entiendo que hay muchas personas que afirman sin tapujos que su voto es por el tabasqueño. Pero nada se ha decidido aún.

Primero es lo primero, dirían los clásicos, y por delante de todo está la jornada para depositar y contar los votos. Una vez con los resultados a la vista de todos, ya se podrá desencadenar la vorágine de comentarios sobre el futuro de México.

¿Quién va a ganar? No sé. De hecho nadie lo sabe. Y eso es lo normal. ¿Va a ganar López Obrador? Las tendencias apuntan en ese sentido, pero son esos simplemente estudios que no son definitorios.

Que no haya ilusionados, para que después no haya sorprendidos, dicen por allí. Coincido. Hay que tener entusiasmo en las campañas, y paciencia para esperar los resultados. Primero votar, luego contar los resultados, y después vendrá lo demás. Nada está escrito aún.


El banquillo

Otra vez.- Reconozco que a veces me repito, pero no logro evitarlo. Por eso insisto en el tema de los topes (o reductores viales) de la capital jalisciense, unas verdaderas trampas para incautos. Ya sea en fraccionamientos pudientes, o en colonias populares, siempre hay un tope sin pintar que termina golpeando el auto por falta de una señal de advertencia. Quienes ponen los topes, los reductores de velocidad, están obligados a pintarlos para que se puedan ver a una distancia prudente. Si alguna dependencia tiene capacidad para colocar esas bardas, seguramente también tiene la capacidad de pintarlos de manera periódica. Enterarse de un tope a fuerza de encontrarlos de improviso no es bueno para nadie.

manuel.baeza@milenio.com

twitter @baezamanuel

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