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La Silla

AMLO: ¿por qué esperar cinco meses?

Manuel Baeza

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Urge hacer cambios a leyes y reglamentos en México para reducir el tiempo que hay entre una elección presidencial, y la toma de posesión del ganador. Y más si el proceso electoral resulta como el que estamos viviendo, donde la misma noche de la votación se sabe quién ganó, y todos los rivales reconocen su derrota.

Porque resulta que Andrés Manuel López Obrador, virtual presidente electo, tomará posesión como mandatario ¡hasta dentro de cinco meses!

Cinco meses es mucho tiempo. Es una barbaridad de tiempo en el que tendrán que coincidir Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.

En esos cinco meses habrá mucha tensión y posibilidades de un desencuentro entre ambos personajes. Si Peña Nieto decide subir el precio de las gasolinas, por ejemplo, habrá críticas por parte de AMLO y de los ciudadanos. Si AMLO anuncia que hará tal o cual cosa cuando ya esté en funciones (como desaparecer el CISEN, por ejemplo), habrá funcionarios públicos preocupados por su futuro que seguro pensarán en otras cosas menos en hacer su trabajo.

En cinco meses se pueden borrar malos manejos del dinero público, o puede venir un desastre natural, o puede haber una ruptura al interior del equipo del presidente electo. Muchas cosas, insisto, pueden suceder.

¿Para qué esperar entonces tanto tiempo? Más si López Obrador ya tiene su gabinete decidido. Si se mantiene la civilidad en las transiciones, entonces López Obrador y su equipo deberían entrar en funciones el 1 de septiembre. Sólo se necesita el tiempo suficiente para que los equipos de los presidentes saliente y entrante se pongan en contacto, y ya.

Pero como nuestras elecciones eran todo menos que transparentes, se tuvieron que destinar cinco meses para quejas, indagaciones, recursos y recontra-recursos jurídicos en los tribunales. Eran cinco meses destinados a pelear, y no a trabajar.

Como dijo Javier el Chicharito Hernández: hay que imaginar cosas chingonas, y una de esas cosas es que de hoy en adelante las elecciones sean tensas, pero tersas. Que no haya fraude, ni necesidad de tribunales. Que las leyes digan que si la diferencia entre el primero y segundo lugar es de cinco puntos porcentuales o más, y los rivales reconocen su derrota, no haya necesidad de tanto trámite legal.

Que las elecciones sean el primer domingo de agosto, y que un mes después inicie el nuevo gobierno.

Pero no. Con nuestras actuales leyes, tendremos a Andrés Manuel López Obrador en una gira nacional e internacional de cinco meses, cuando bien podría estar midiendo ya su oficina para ponerse a trabajar lo antes posible. ¿O por qué tenemos que esperar tanto?

manuel.baeza@milenio.com
twitter @baezamanuel

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