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Miércoles , 21.11.2018 / 12:59 Hoy

La Silla

Aluxes

Manuel Baeza

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La futura secretaria federal del Medio Ambiente, Josefa González-Blanco Ortiz-Mena, levantó cierta polémica el fin de semana cuando en una entrevista aseguró que los aluxes sí existen. Los aluxes, hay que decirlo, son unas criaturas mitológicas parecidas a un duende, pero que habitan en el sureste de México.

En palabras textuales durante una entrevista con UNO TV, la próxima funcionaria hablaba de la selva, y la entrevistadora la preguntó sobre los aluxes. “Los aluxes son duendes que protegen la selva maya. Como duendes que son, no son buenos ni malos”, respondió, para añadir: “Sí existen, ¡eh! No son leyenda popular; sí nos asustan. Donde están los cenotes se pueden ver huellitas de sus manos en las paredes”.

Las bromas y los memes, por supuesto, no se hicieron esperar, pero hay que señalar una cosa: no es doña Josefa, experta en arte y conservación del medio ambiente, la única que considera que existen esos pequeños duendes. En Wikipedia se dice que “algunos mayas contemporáneos aún creen que los aluxes son convocados en cuanto un campesino construye en su propiedad una especie de altar en una casita conocida como kahtal alux, o la casa del alux, normalmente en su milpa. Durante siete años, los aluxes ayudarán a crecer el maíz, llamar la lluvia y vigilar los campos de noche, silbando para espantar a los animales de rapiña o delatar a los ladrones. Al final de los siete años, el granjero debe cerrar las ventanas y las puertas de la casita, sellando al alux dentro. Si esto no es así, se puede perder el control sobre el alux y éste empezará comportarse de forma agresiva en contra de las personas”.

Yo nunca he vivido en el sureste, pero sí en Hidalgo, donde las leyendas sobre duendes son muy socorridas, sobre todo entre los mineros. Hoy cualquier minero veterano en Real del Monte o Mineral del Chico cuenta que en las profundidades hay duendes que aparecen de la nada. Si el minero les comparte alimento, el pequeño y mítico ser les ayudará a realizar su labor, pero si el hombre no les ofrece nada, entonces el duende le hará perderse en los túneles. Sobra decir que los mineros siempre cargaban con alimento de sobra para las eventualidades.

Además, en muchas poblaciones hidalguenses se cuentan leyendas de cómo los duendes se entretenían por las noches trenzando las crines de los caballos en los ranchos.

No me sorprende entonces que en un México donde el realismo mágico es cosa de todos los días (aunque menos en las zonas urbanas), salgan a luz personas preparadas que comparten su creencia sobre seres mitológicos o sobrenaturales. Total, tantas otras historias que nos hemos creído sexenio tras sexenio... Qué más da que nos platiquen de aluxes.

manuel.baeza@milenio.com
twitter @baezamanuel

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