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Miércoles , 12.12.2018 / 21:13 Hoy

Contracorriente

El voto manda: más mujeres, menos partidos y sin billete

Maite Azuela

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Mientras sea a través del voto y de procesos democráticos que el descontento social se manifieste, México gana. Este histórico resultado podría ser una oportunidad única para que el enojo por exclusión y abuso de poder pueda revertirse durante los próximos seis años y garantizar que nunca se sustituya el ejercicio del voto por la rebelión violenta. Si no se aprende algo con la evidencia de una arrolladora mayoría de mexicanos que no está dispuesta a sostener la desigualdad y la impunidad rampantes, el riesgo futuro es incalculable.

Muchas y gratas sorpresas nos ha dado esta elección. En principio, el hecho de que gran parte de la ciudadanía ha asumido el voto como un derecho que no solo se ejerce para elegir representantes, sino para castigar a quienes no les han dado resultados. Esto puede ser muy alentador para quien ha obtenido ventajosa preferencia; sin embargo, en el corto plazo debe demostrar su compromiso con resultados tangibles, además de rendir cuentas con la mayor velocidad posible. No habrá segundas oportunidades.

Destacaré otros tres alicientes. Ante los resultados de varias encuestas que arrojaban todavía la absurda percepción de que las mujeres no estaban preparadas para asumir cargos públicos, la ciudadanía que ejerció su voto decidió que el Senado fuera ocupado casi por el mismo número de mujeres que de hombres. Podríamos decir que es el primer Congreso paritario en la historia de país. No es un asunto menor porque esto revela que culturalmente ha habido un avance considerable en materia de inclusión y equidad de género, que no depende solo de las fórmulas que obligan a los partidos a postular mujeres, sino de las preferencias electorales de la ciudadanía.

Por otro lado, parece que las alianzas no alcanzarán para mantener con vida a partidos como Encuentro Social y Nueva Alianza. De ser así, no seré la única que celebre con entusiasmo el hecho de que el PES pierda el registro. Era un partido que daba señales claras de su intención por contravenir el Estado laico y no disimulaba ser una amenaza a las libertades. Afortunadamente no tendrá más vida partidista. Ojalá su peso en la Cámara de Diputados quede diluido por votos progresistas. El Panal no parece ser más una opción para los votantes ni el voto duro del gremio de maestros logró sostener su registro nacional.

Un último mensaje es que la compra de voto no favoreció a los partidos que más recursos invirtieron en esa práctica. De acuerdo con el mapa de Democracia sin pobreza, el partido qué más recursos destinó y en más estados operó para comprar voluntades políticas fue el Partido Revolucionario Institucional, así que parece que ya no es negocio.

¿Se arrepentirán quienes sacrificaron su identidad y agenda partidista a cambio de votos por una alianza que no requerían? ¿Se lamentarán quienes hicieron lo posible por no incorporar mujeres como candidatas conociendo ahora los resultados? ¿La compra de voto ya no es lo que era antes? Lo sabremos hasta las próximas elecciones, en las que quizá hasta los partidos pequeños vean mayores posibilidades de posicionarse con agenda y candidaturas congruentes a su ideología. Ojalá esta sea la última vez que se revuelcan en una amalgama de contradicciones insostenibles y corruptelas cínicas, porque todo apunta a que la equidad y la autenticidad serán redituables políticamente.

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