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Contracorriente

Casas angelicales, ¿perdones monumentales?

Maite Azuela

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La última vez que vi en acción a Angélica Rivera, quien fuera la primera dama el sexenio pasado, fue en un evento público en el que Enrique Peña Nieto, todavía presidente, otorgaba un premio a algunas actrices o actores compañeros de su cónyuge a nombre del gobierno federal.

Ella como maestra de ceremonias tomó la palabra y le agradeció su amor por el arte y la cultura, y concluyó su discurso con un histriónico gesto que no alcanzó a lucir espontáneo, para decir que el amor que el ex presidente tenía por el arte se hacía evidente en tanto había elegido a una actriz como esposa.

Aparentemente él no estaba advertido de que esa broma se revelaría mientras las cámaras tomaban su reacción y empujado por su ánimo teatral esbozó una sonrisa, pero fue contenido por una especie de incomodidad que no le permitió lucir sus habilidades en el arte escénico.

La pareja lleva en su insignia el evento de la casa blanca como un hito de lo que en México es posible intercambiar una vez que el poder abre oportunidades de negocio.

Recordaremos a la señora Angélica en primer cuadro explicando que la adquisición del inmueble era producto de años de trabajo, luego al ex presidente ofreciendo disculpas por haber sometido a la señora a responder públicamente sobre el origen del inmueble.

Arrancamos 2019 con una noticia que se reproduce viralmente en redes, retomando el reportaje de una revista de telenovelas en la que las notas versan sobre la vida personal de los actores, sus deslices y la exposición de sus figuras con escasa ropa. Ahí se anuncia que, en la ciudad de Los Ángeles, California, la ex primera dama ha adquirido una mansión con un costo de 63 millones de pesos.

Fue la corrupción uno de los parámetros más recurrentes de la indignación social a partir de la que se intentaron contrastar las ofertas políticas de la pasada elección presidencial. En la contienda sobraron muestras de desacuerdo sobre la desaseada adquisición de aquella casa en las Lomas.

Días antes de que la foto de la nueva mansión de la ex primera dama fuera tendencia en Twitter, Andrés Manuel López Obrador anunciaba que sometería a consulta si los ex presidentes debían ser investigados por corrupción. ¿Tiene alguna duda sobre el resultado de esa futura consulta? ¿Qué gana aletargando la premura de conocer el origen y destino de los bienes e inmuebles que como ex funcionarios públicos adquirieron sus antecesores?

Hasta hoy su compromiso es “someter a consulta la investigación a ex presidentes”. No más. A menos que en los hechos ya haya empezado a investigarlos y nos sorprenda pronto con alguno procesado. Ya ve Usted que, con la Guardia Nacional, el propio Presidente anunció que daba inicio el proceso de reclutamiento de jóvenes, sin que se haya llevado a cabo la consulta anunciada y sin contar con marco jurídico que avale su operación por la vía militarizada.

Al parecer en la llamada Cuarta Transformación hay temas en los que no consideran que el orden de los factores altere el producto. No habremos de sorprendernos si el guion da nuevamente un giro y por un gesto de misericordia, no histriónico sino angelical, deciden otorgarles indulgencia.

@maiteazuela

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