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Entre tangos y vino tinto

Los libros: un viaje a una infinidad de mundos sin retorno

Magda Bárcenas Castro

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Terminé de escribir otro libro, siempre hay cierta nostalgia después de hacerlo a pesar de las jornadas extremas de trabajo pero también cierto descanso mental. Se acabó –por un tiempo- el insomnio, las letras y pensamientos de madrugada, el tiempo frente a mi computadora personal. El libro está terminado a la par perdí la noción de cuántas veces ya fue leído. Mi padre siempre me decía que antes de entregar un trabajo tenía que leerlo mínimo unas diez veces, es la mejor lección que pudo darme y siempre que hago correcciones me acuerdo de él. Mi cuadernillo rojo siempre salta después de haber terminado otro proyecto, siempre me habla y me pide que siga escribiendo…ya es normal. Juan José Arreola decía: Si no lees, no sabes escribir. Si no sabes escribir no sabes pensar”, esto siempre me deja pensando en todas las cosas que hoy quisiera hacer. El último libro que terminé de leer tras haber concluido con mi trabajo literario fue “Beber en rojo” de mi mentor Alberto Laiseca publicado por la Editorial Muerde Muertos en donde nos muestra a un Drácula “humanizado” y dispuesto a irse para siempre con tal de no lastimar a nadie. Siempre me acuerdo de Lai, él siempre me recomendaba libros y justo en este hace lo mismo con el lector: “ Por alguna razón jamás pude convencer a mis amigos escritores de lo importante que es leer ciertos libros de ficciones” –debo confesar que me reí mucho al encontrarme con estas letras- es cómo si lo tuviera de frente como hace dos años y me hiciera escribir en mi cuadernillo rojo los siguientes libros a leer. Ahora estoy leyendo “Asesinas seriales” del escritor argentino Néstor Durigon publicado por Ediciones B, en donde me lleva a conocer a las mujeres asesinas más importantes de toda la historia. Adoro leer acerca de quienes pasaron de la ficción a la vida real y aquí es cuando vuelve a mi mente lo dicho por Laiseca: “Qué sería de los artistas sin los monstruos? Esos bichitos malvados son las niñas de sus ojos. Cómo será que hasta se aceptan bestias “buenas”, con tal de que sean espeluznantes, horribles y hermosas a la vez. Cada ser monstruo contiene moralejas potenciales e innúmeras ideas vivificantes. Son como máquinas de funcionamiento imaginativo continuo, que siguen brindando trabajo y energía en el mundo del arte y del pensamiento, aún siglos después de muerto su autor.” Lecturas de madrugada, de día, de noche, seguir las letras con la mirada es una de las cosas que más me tranquiliza, me llena, me hace sonreír. Pruébalo, toma un libro ahora y emprende ese viaje del que te aseguro no vas a volver.

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