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Viernes , 21.09.2018 / 11:32 Hoy

Entre ciudadanos

Rechazados, excluidos, marginados...

Ma. del Carmen Platas Pacheco

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La discriminación adquiere diversas formas e intensidad de matices, pero éstos se identifican en la lesión que producen a la dignidad de quien es destinatario del odio y desprecio que lo aparta del grupo en que debería estar incluido.

Las acciones personales o sociales de apartar y separar a unos de otros con la intención de favorecer o permitir que unos gocen o disfruten de ciertos bienes que se niegan a otros, desde luego es una de tantas manifestaciones de injusticia y, en consecuencia, de violencia a los derechos humanos.

En gran medida, la historia política y social del siglo XX estuvo marcada por las acciones de algunos poderosos que bajo los más diversos argumentos segmentaron a los grupos humanos, en razón, o sinrazón, de las creencias religiosas, las afiliaciones políticas, la raza, el color de la piel, la propiedad sobre los bienes, el poder adquisitivo, el nivel escolar, entre otros.

Según diversos estudios de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), en el ámbito de nuestro país se advierte que los índices de pobreza y de pobreza extrema no varían significativamente entre el 2010 y el 2015, es decir, 52 por ciento de los mexicanos vive en condiciones de pobreza, y dentro de éstos 30 por ciento en pobreza extrema.

En los hechos, los conceptos de igualdad tan traídos y llevados en los discursos políticos y en los textos legislativos, por ejemplo, en el acceso a la educación, la justicia o en los servicios de salud, desde luego, no resisten el más mínimo análisis, precisamente porque las verdaderas acciones de gobierno no se realizan acuñando frases vacías y retóricas que se repiten una y otra vez, como si a fuerza de esos ejercicios de mala retórica, la realidad de la injusticia que entraña toda segregación fuera menos dolorosa para quien la sufre.

El rechazo, la exclusión, la marginación y el descarte se repiten en todos los ámbitos, niveles y actividades, desde las formas más burdas y evidentes entre minorías de ricos frente a muchedumbres de pobres como paisaje urbano que muestra a propios y extraños el verdadero rostro de la injusticia, hasta las formas más elaboradas del mismo mal social que en los niveles de la marginalidad replica las formas de la exclusión, en una dinámica de desprecio por los otros, contraria a la dignidad humana y a los derechos que le son propios. De manera que el verdadero reto del gobierno eficaz es la inclusión, el bien común por definición es difusivo e incluyente.

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