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Sábado , 23.06.2018 / 23:17 Hoy

Entre ciudadanos

Nicolás inmaduro

Ma. del Carmen Platas Pacheco

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Ante la gravedad de la crisis que vive Venezuela, y en una muestra más de nula capacidad de autocrítica y objetividad, características indispensables en un gobernante, Maduro se ha empeñado en asumir funciones que no le corresponden y que estrangulan las libertades de los ciudadanos. Bajo la figura de Estado de excepción y emergencia económica, en tres años de gestión ha llevado al país a la mayor crisis financiera de su historia. El año pasado el índice de inflación se calculaba por arriba de 189%, y la ciudad de Caracas se ubica como la más corrupta y violenta del mundo; es de señalar que más de 80% de la población se ha manifestado a favor de la renuncia del Presidente, pero él con el control del ejército, se ha sostenido en el poder argumentando conspiraciones y deslealtades de supuestos enemigos internacionales del proyecto bolivariano, ante una población asustada y sumida en la miseria.

La crisis alimentaria es tan grave, que el gobierno ha vinculado la credencial de identidad al acceso a las tiendas de alimentos, así, todos los días —en una especie de "no circula alimentario"— desde la madrugada se forman largas filas de quienes, dependiendo del último número de su tarjeta de identidad, pueden acudir ese día a las tiendas a comprar lo poco que se vende, harina de maíz para hacer arepas, Una especie de tortillas gruesas que son el principal alimento de los sufridos venezolanos. Después de realizar la compra, deben verificar su identidad y plasmar su huella digital ante oficiales del ejército que con rifles en mano, custodian las tiendas y las compras. Se sabe de la existencia de los famosos "bachaqueros" (bachaca es una plaga de hormiga depredadora de gran voracidad), personas que comercian con alimentos afuera de las tiendas a precios excesivos, pero las personas que pueden los pagan porque ya no alcanzaron a comprarlos en la tienda o porque ese día no les corresponde comprar pero no tienen qué comer. Otro tanto de este mismo drama ocurre en los hospitales y centros de salud, donde no existen medicinas ni los mínimos insumos para realizar cirugías o curaciones, cientos y miles de personas, niños y mujeres en su mayoría, han muerto o se encuentran gravemente enfermas sin esperanza de ser atendidos. Es momento que los jefes de gobierno del mundo democrático volteen su mirada sobre el drama que vive el pueblo de Venezuela; la responsabilidad de gobernar se mide en términos de bien común y es incompatible con la inmadurez de quien se aferra al poder.

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