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Sábado , 21.07.2018 / 13:35 Hoy

Entre ciudadanos

Disfuncionalidad social

Ma. del Carmen Platas Pacheco

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En diversas regiones del planeta, los procesos políticos y la constante de la insatisfacción ciudadana recorren el mundo como un fantasma de malestar social. Esta situación obliga a reflexionar sobre las causas comunes de síntomas presentes en las dinámicas societarias, más allá de las fronteras y de las divisiones geopolíticas o ideológicas.

A lo largo de décadas y posiblemente de siglos, nos hemos habituado a pensar que garantizar la paz, el orden y el respeto a la ley es responsabilidad del Estado y de su institucionalidad gubernativa. Esas creencias, más o menos alentadas y sostenidas por gobernantes y políticos en el poder o que aspiran a él, por diversas razones hoy están siendo gravemente cuestionadas por la realidad de la insatisfacción ciudadana y la falta de credibilidad y desencanto que se advierte en las dinámicas sociales. Una especie de epidemia social contamina los espacios públicos, los ciudadanos infectados muestran abiertamente su decepción y molestia frente a los gobernantes, que cada vez más pierden ese halo de inspiración y respetabilidad con que el pueblo reconocía en ellos liderazgo y autoridad.

Hoy, el viejo discurso respecto del cual la democracia tiene sentido porque garantiza el bien de la mayoría, está siendo gravemente cuestionado ante las exigencias de minorías que se confrontan y fragmentan en variadas formas de reclamos y derechos conculcados, haciendo evidente la incapacidad de los gobernantes para ofrecer de manera oportuna resultados satisfactorios.

Lo que hoy existe en el seno de las sociedades democráticas es una inmensa fragmentación de minorías heridas y molestas ante la falta de respuestas a sus exigencias y demandas. Actualmente, quizás por el acceso tan extendido a redes sociales, se hacen evidentes, como nunca, acontecimientos que ponen en entredicho el abuso de poder de quienes gobiernan o de plano su ineptitud.

Los pueblos de los países democráticos están cansados de gobiernos fallidos y corruptos. En ese contexto de desesperanza, al parecer se está imponiendo la fuerza del odio y la descalificación por sobre las razones dialogadas ante los problemas comunes largamente postergados; tal como ha demostrado la historia, la delgada línea que separa la dictadura de la democracia, puede llegar a romperse.

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