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Domingo , 21.10.2018 / 14:59 Hoy

Vida cotidiana

Terremoto del 85

Luis Walter Juárez

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Como no recordar aquella mañana del 19 de septiembre de 1985 la cual marcó para siempre a los mexicanos, luego de que un terremoto de 8.2 grados Ritcher sacudiera a la Ciudad de México y dejara sentir sus estragos en estados como Guerrero.

Recuerdo que esa mañana estaba en Acapulco con mis papás y nos preparábamos para salir de la casa, cuando de pronto todo se estremeció, veía que los edificios se movían, en la casa todo se caía y de inmediato lo único que pensé fue en bajar de la planta alta a mis hijas.

Todo era como una pesadilla, los movimientos telúricos parecía que no tenían fin y cuando terminaron, todo era un desastre. El temor entre la gente de Acapulco no desaparecía, ya que siempre después de un gran sismo, viene una réplica y el pensar que se repetiría un temblor, mantenía a todos en alerta.

Mientras en Acapulco se puede decir que los daños fueron menores, en la Ciudad de México el terremoto fue devastador, se cayeron grandes edificios, hoteles se vinieron abajo y muchas viviendas resultaron dañadas.

Ese sismo provocó la pérdida de muchas vidas humanas, pero también dejó una enseñanza, la de ver a un pueblo mexicano unido, en el que todos mano con mano, quitaban escombros para rescatar a las víctimas.

Como no recordar a aquellos que día y noche llenos de polvo, con las manos lastimadas, no dejaban de quitar piedras. Otras personas se unieron para guisar comidas y ofrecerlas a los voluntarios, como también a aquellos hombres llamados los “topos”, que se metían por cualquier rendija para sacar a personas atrapadas.

Fueron muchos los mexicanos que rápidamente acudieron en auxilio de los damnificados, llegaban de diferentes colonias de la Ciudad de México, algunos más viajaron del interior de la República y todos con el mismo fin, auxiliar a las miles de personas que quedaron atrapadas entre varillas y grandes bloques de cemento.

También recordamos como muchas familias deambulaban en busca de sus seres queridos de un hospital a otro, caminaban hacia los lugares en donde estaban llevando a los heridos y a los fallecidos. Esa mañana no había a nadie a quién culpar, fue la naturaleza la que cobró cientos o miles de víctimas.

Ahora, con el paso del tiempo, los mexicanos hemos aprendido a sobrellevar estos fenómenos y reaccionar ante cualquier eventualidad. Ahora se realizan simulacros en forma constante en todo el país y los mismos en cualquier momento habrán de ser aplicados.

No cabe duda que el terremoto del 85 dejó una marca y ahora estamos en manos de Protección Civil.



walter.juarez@milenio.com

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