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Martes , 23.10.2018 / 11:51 Hoy

Vida cotidiana

La misma historia

Luis Walter Juárez

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Llega el fin de cursos en las diferentes universidades, tecnológicos o escuelas con carreras cortas y se repite la misma historia. Los jóvenes disfrutan en compañía de sus padres de estos momentos en que se culmina una parte de la vida, ya que los hijos cumplieron con llegar al final y labrarse su futuro gracias a los estudios, mientras que los progenitores, saben que con muchos sacrificios, consiguieron llevarlos por el buen camino.En estos días todo es felicidad, los muchachos se reúnen para organizar las graduaciones, buscan un buen salón, que el banquete sea del agrado de todos y la música no puede faltar. Se puede decir que en teoría, son los últimos gastos de los padres, quienes saben que hay que comprar el vestido de graduación o el traje, así como la renta de la toga y el birrete, pagar la cuota correspondiente del salón, así como los platillos tanto para la familia como para los invitados.A esto sólo hay que agregarle el pago final, el del título, ya que también hay que desembolsar dinero, para poder tener ese documento que avala que el estudiante terminó su carrera y con el mismo podrá salir a enfrentar la vida con mucho optimismo.Pero la historia se repite, después de pasadas las fiestas de graduación viene la triste realidad, la que viven tanto los ahora egresados como los mismos padres de familia, ya que los muchachos con toda ilusión salen a buscar empleos de acuerdo a los estudios que tuvieron, afines a sus carreras, dándose cuenta muy pronto que el campo de trabajo está muy limitado.Esta época de estudiante es bonita, ya que es la culminación de los estudios, pero también se convierte en una pesadilla, al no encontrar un lugar para trabajar, por lo que muchos de los que egresan, tienen que salir a otras ciudades del país para buscar oportunidades, ya que de quedarse en esta región, su futuro sería muy incierto o bien, tendrían que acabar en un empleo que nada tiene que ver en lo que estudiaron.Lo peor del caso es que no son 50, ni 100 los egresados, son cientos, debido a la gran cantidad de instituciones educativas, muchas de las cuales prometen hasta las perlas de la vida a los jóvenes y cuando se gradúan, los dejan a la deriva. El país no mejora, la región lagunera tampoco y los egresados viven un verdadero calvario.


walter.juarez@milenio.com

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