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Lunes , 16.07.2018 / 04:44 Hoy

Para Reflexionar

Violencia

Luis Rey Delgado García

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Generalmente asociamos la violencia al daño físico o a actos destructivos que afectan la integridad de las personas o de lo que consideramos valioso. Sin embargo, la violencia tiene más dimensiones que nos involucran de una u otra manera. Podemos encontrar por lo menos tres dimensiones: La violencia directa, la estructural y la cultural; que interactúan y se retroalimentan mutuamente.

Violencia directa, que es muy visible, es aquella que se percibe, como el daño físico y psicológico producto de golpes, insultos, agresiones o acciones armadas; la violencia directa es muy evidente en personas asesinadas, heridas, afligidas, desplazadas, así como en la destrucción de bienes y recursos.

Violencia estructural, a veces poco visible, es la dimensión de la violencia que corresponde al orden social en el cual se privilegia a unas personas en detrimento de otras, generando desbalances y vulneración de derechos, con resultados como pobreza, falta de oportunidades para ciertos sectores de la población, exclusión social y política, explotación e inequidad económica, represión e injusticia. La violencia estructural se refiere a la forma inequitativa y/o excluyente como la sociedad está organizada; a leyes y normas que configuran un determinado sistema político, económico y social que genera sufrimiento. Violencia cultural, también poco visible, obedece a formas de pensar y creencias arraigadas que justifican diversos tipos de violencia directa y estructural, como los pensamientos, creencias y supuestos que se expresan con afirmaciones del tipo: “es que la gente X solo entiende a los golpes”; o: “los X son personas perezosas y por eso son pobres”. Incluye los prejuicios, en general, y la subordinación de unos seres humanos a otros; entre sus expresiones están el racismo, el machismo, la homofobia, la estigmatización, la cultura del dinero sobre la vida, el desperdicio de recursos, el desprecio por lo diferente, la ley del ‘todo se vale’, entre muchas otras. Estas formas de pensar, creencias, usos y costumbres se perpetúan a través de diversos mecanismos como la educación familiar y escolar, o a través de la comunicación y los modelos sociales. El conflicto no es igual a violencia. Los conflictos son parte de las relaciones humanas. La violencia es una supuesta forma de resolver el conflicto pero en realidad lo oculta, profundiza, prolonga y pospone. La violencia evita que los conflictos se gestionen.

Todas las personas tenemos conflictos y podemos aprender a manejarlos responsablemente. Una comunidad o sociedad que sabe y aprende a manejar constructivamente sus conflictos disminuye potencialmente las posibilidades de violencia. Los conflictos existen desde las esferas personal, amorosa, familiar o política, hasta la escala internacional y global; las personas tenemos y podemos desarrollar capacidades para manejarlos pacíficamente.


luisrey1@prodigy.net.mx

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